martes, 15 de enero de 2008

LA PAZ EN LA ARAUCANIA , FRUTO DE LA JUSTICIA

Estimados ( as ) :

Con preocupación y tristeza, transcribo una declaración del Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile y Obispo de Rancagua, Don Alejandro Goic Karmelic.

Junto con compartir plenamente la declaración de mi Obispo, invito a mis amigos ( as ) a orar por la Paz de La Araucanía.

1. Los violentos episodios en la zona de la Araucanía han marcado los primeros días de este nuevo año. La muerte de un joven, las acciones violentas contra terceros inocentes, las medidas de fuerza, constituyen un síntoma alarmante de un conflicto que lamentablemente no hemos abordado en profundidad apuntando a las causas de fondo. Sentimos que la situación es altamente compleja por cuanto transcurre en un contexto de desconocimiento, prejuicios y discriminación hacia los indígenas, de políticas que se han demostrado inadecuadas, y de una instrumentalización por parte de personas ajenas a esta realidad que obstruyen los acuerdos con agitación y violencia.
2. La Iglesia, en fidelidad al mandato evangélico, ha continuado su histórico acompañamiento a los pueblos originarios, procurando la satisfacción de sus legítimas demandas, en el marco de la legislación vigente y promoviendo amplias instancias de diálogo. La participación del Obispo de Temuco, Mons. Manuel Camilo Vial, de otros obispos y profesionales de la Iglesia en un servicio de garantía y facilitación se inscribe en este espíritu.
3. Lamentablemente la preocupación por el pueblo mapuche que amplios sectores ciudadanos dicen manifestar, no se condice con un esfuerzo real por escuchar la voz de sus dirigentes representativos y por comprenderlos en su propia cultura. Valoramos la voluntad expresada por el Gobierno al crear el Comité Interministerial, y confiamos en que su tarea pueda derivar en soluciones reales a las demandas de las comunidades mapuches, lo mismo que de las personas y empresas que han sido víctimas de una violencia irracional que a nada conduce.
4. Hoy nos preocupa, de un modo particular, la situación de la Sra. Patricia Troncoso Robles, quien se ha mantenido junto a otros dirigentes en huelga de hambre. Hemos conocido recientemente el informe médico de tres profesionales que la examinaron. Dicho informe señala que, aunque no se encuentra en situación de riesgo vital inminente, el significativo deterioro de su condición física es evidente en sus aspectos cognitivos, neurológicos y en la esfera cardiovascular. Según los especialistas, de mantenerse esa condición puede poner a la paciente en evidente riesgo vital. Confiamos en que las sugerencias que los médicos hacen respecto de su traslado a un recinto hospitalario de Santiago sean acogidas por las instancias pertinentes. Mons. Vial les ha expresado la convicción de que poner deliberadamente en grave riesgo la propia vida para llamar la atención de las autoridades y de la sociedad no es proporcionado al maravilloso don que el Señor nos ha regalado, apelando a su conciencia de cristiana, hija de Dios y a la petición de su familia para que suspenda esta medida.
5. Reitero una vez más que la paz del corazón es el corazón de la paz.

Santiago, 14 de enero de 2008

NUESTRO BAUTISMO







Estimados (as) amigos (as) de la Red :



En la Misa del Domingo 13 de Enero ( Iglesia San Francisco, Rancagua ), el Padre José Rivera Rodriguez, nos consultaba por la fecha, lugar y nombre del sacerdote que, nos había bautizado.

Junto con pensar, en el Padre Gonzalo González y González, mi mente se traslado a la Iglesia Catedral de Rancagua, donde un Domingo 9 de Febrero de 1958 recibí el Bautismo.

Los invito a que, a través del Compendio del Catecismo Catolico, recordemos el significado de este sacramento.

¿Con qué nombres se conoce el primer Sacramento de la iniciación?
El primer sacramento de la iniciación recibe, ante todo, el nombre de Bautismo, en razón del rito central con el cual se celebra: bautizar significa «sumergir» en el agua; quien recibe el bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con Él «como una nueva criatura» (2 Co 5, 17). Se llama también «baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo» (Tt 3, 5), e «iluminación», porque el bautizado se convierte en «hijo de la luz» (Ef 5, 8).



253. ¿Cómo se prefigura el Bautismo en la Antigua Alianza?
En la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel en la tierra prometida, imagen de la vida eterna.



254. ¿Quién hace que se cumplan estas prefiguraciones?
Estas prefiguraciones del bautismo las cumple Jesucristo, el cual, al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el Jordán; levantado en la cruz, de su costado abierto brotan sangre y agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19-20).



255. ¿Desde cuándo y a quién administra la Iglesia el Bautismo?
Desde el día de Pentecostés, la Iglesia administra el Bautismo al que cree en Jesucristo.



256. ¿En qué consiste el rito esencial del Bautismo?
El rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, mientras se invoca el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.



257. ¿Quién puede recibir el Bautismo?
Puede recibir el Bautismo cualquier persona que no esté aún bautizada.


258. ¿Por qué la Iglesia bautiza a los niños?
La Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios.



259. ¿Qué se requiere para ser bautizado?
A todo aquel que va a ser bautizado se le exige la profesión de fe, expresada personalmente, en el caso del adulto, o por medio de sus padres y de la Iglesia, en el caso del niño. El padrino o la madrina y toda la comunidad eclesial tienen también una parte de responsabilidad en la preparación al Bautismo (catecumenado), así como en el desarrollo de la fe y de la gracia bautismal.



260. ¿Quién puede bautizar?
Los ministros ordinarios del Bautismo son el obispo y el presbítero; en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquiera puede bautizar, siempre que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Éste derrama agua sobre la cabeza del candidato y pronuncia la fórmula trinitaria bautismal: «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».



261. ¿Es necesario el Bautismo para la salvación?
El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento.



262. ¿Hay salvación posible sin el Bautismo?
Puesto que Cristo ha muerto para la salvación de todos, pueden salvarse también sin el Bautismo todos aquellos que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), los catecúmenos, y todo aquellos que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad (Bautismo de deseo). En cuanto a los niños que mueren sin el Bautismo, la Iglesia en su liturgia los confía a la misericordia de Dios.

263. ¿Cuáles son los efectos del Bautismo?
El Bautismo perdona el pecado original, todos los pecados personales y todas las penas debidas al pecado; hace participar de la vida divina trinitaria mediante la gracia santificante, la gracia de la justificación que incorpora a Cristo y a su Iglesia; hace participar del sacerdocio de Cristo y constituye el fundamento de la comunión con los demás cristianos; otorga las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. El bautizado pertenece para siempre a Cristo: en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter).


264. ¿Cuál es el significado del nombre cristiano recibido en el Bautismo?
El nombre es importante porque Dios conoce a cada uno por su nombre, es decir, en su unicidad. Con el Bautismo, el cristiano recibe en la Iglesia el nombre propio, preferiblemente de un santo, de modo que éste ofrezca al bautizado un modelo de santidad y le asegure su intercesión ante Dios.

martes, 8 de enero de 2008

DIAGNOSTICO DE LA CONCIENCIA RELIGIOSA EN CHILE

Amigos de la Red :

Me permito transcribir Comentario de Mons. Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua y Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, en Panel “Diagnóstico de la Conciencia Religiosa en Chile” en el Seminario “Encuesta Nacional Bicentenario UC Adimark: Una Mirada al Alma de Chile 2007”Centro de Extensión UC – 8 de enero de 2007


"Ante todo, junto con agradecer la invitación a participar en este panel, permítanme una palabra para valorar este instrumento que la Universidad Católica junto a ADIMARK ofrecen a la sociedad chilena como un regalo para el Bicentenario. Al abrir el paquete de este obsequio encontramos un espejo. Podrá no gustarnos como nos vemos, pero qué bien nos hace confrontarnos con este espejo de la realidad de este tiempo. Mi gratitud y reconocimiento a quienes han llevado adelante esta iniciativa.Siempre es importante cotejar con los fríos números una realidad que es compleja y que conocemos a diario en nuestra práctica pastoral.
Algunos todavía piensan que los sacerdotes y religiosos vivimos encerrados en burbujas y cada cierto tiempo necesitamos que nos regalen un “baldazo” de realidad. Si bien algunas pocas congregaciones de carisma contemplativo viven su fe retiradas del bullicio contemporáneo -aunque les aseguro que laboran y oran permanentemente informados acerca de lo que ocurre en la Iglesia y en la sociedad-, la inmensa mayoría de las personas que nos hemos consagrado al Señor estamos inmersos en realidades humanas y sociales muy diversas, junto a personas con nombre y apellido, en parroquias y capillas, escuelas, universidades, empresas, poblaciones y condominios, en los packing de la fruta, campamentos, comunidades de base, juveniles, entre tantas otras instancias. Por eso cuando miramos estas cifras con corazón de pastores no podemos dejar de pensar en personas, vivencias, sentimientos, ni tampoco en los grandes procesos que vive este país y que nosotros acompañamos, como parte de este pueblo, proclamando la buena noticia de Jesucristo.
Contemplamos, al leer este estudio, los principales valores que inspiran a nuestra sociedad, algunos intransables como el derecho a la vida que se pone de relevancia en forma transversal frente a la pregunta del aborto, con una fuerte convicción que aumenta. También nos habla de la centralidad de la familia en la vida de los chilenos, y nos muestra aspectos de nuestra identidad, de nuestra convivencia y de nuestras expectativas que en gran medida confirman algunas preocupaciones de la Iglesia.Alertados por varios episodios de violencia que hemos lamentado en el último año, los Obispos hemos invitado reiteradamente a mirar la calidad de nuestra convivencia y a procurar los caminos que nos permitan, en todas las instancias, educar para la paz. Y entre estas instancias, sin duda que la familia es la fundamental.Si los padres hoy dicen dedicar más tiempo a sus hijos y, a pesar de ello, perciben que el comportamiento de la juventud actual es peor que antes, conviene preguntarse entonces por la calidad de la convivencia familiar. ¿Dedicar más tiempo a la familia significa destinar una tarde para ir juntos de compras al centro comercial? ¿O ver en familia una maratón de la serie televisiva favorita? Mucho nos quejamos de los escasos tiempos para la convivencia familiar, pero de nada sirve contar con más horas si no hay verdadera escucha ni diálogo constructivo, si no nos esmeramos por generar instancias de crecimiento personal y familiar, incluso en los tiempos de ocio.
Los padres de familia necesitan seguir aprendiendo cada día a ser mejores padres. Este estudio confirma que son ellos los primeros educadores de sus hijos. Pero pareciera que no cuentan con las debidas herramientas para esta tarea. Y a la parroquia, la pastoral familiar, a los colegios de inspiración católica, nos cabe una tarea importante en este ámbito.Al ver en este estudio las percepciones sobre la juventud de hoy, no puedo evitar asociar mi sentimiento a lo que viví hace unos meses, cuando a propósito del llamado “sueldo ético” fui invitado al Consejo Asesor Presidencial para la Equidad Social. En esa oportunidad con mucho respeto les planteé a los miembros lo importante que sería que ellos visitaran un hogar en situación de pobreza, conocieran directamente su realidad y escucharan a las personas que sufren en carne propia el drama de vivir con ingresos miserables. Con esa misma convicción, creo que mientras las políticas de juventud sigan siendo estudiadas desde las miradas y los prejuicios de nosotros, los adultos, sin preocuparnos por escuchar a los jóvenes y atender a sus verdaderas expectativas, poco podremos avanzar en darles respuestas a sus búsquedas de sentido. Me pregunto si habremos aprendido, como sociedad, las lecciones que nos dio el movimiento de los secundarios también llamados “pingüinos”.
En relación al tema que nos convoca en este panel, el diagnóstico de la conciencia religiosa en Chile, parece obvio, pero vale la pena recordarlo: la doctrina de la Iglesia Católica no se guía por encuestas ni por aplausos ni por conveniencias políticas o de otro orden. La Iglesia se conduce desde nuestra fe en Dios, que nos ha sido revelado en Jesucristo, cuya palabra proclamamos. En algunos campos, esta palabra concita amplias adhesiones y se nos rinden homenajes y se nos otorgan premios internacionales. En otros campos, se nos acusa de inquisidores, de oscurantistas y retrógrados. Jesús tampoco se dejó conducir por la opinión de las mayorías: cuando pregunta a Pedro quién dice la gente que es Él, no se queda con las tendencias que mostraban los gráficos de entonces, se queda con una opinión particular y marginal, la de Pedro, a la que hoy nosotros adherimos “Tú eres el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios Viviente” (Mt 16, 16).
Encontramos en este estudio, así como en otros recientes, algunos indicadores que muestran una aparente incoherencia entre la fe a la que adhieren los católicos y su vivencia real de esa fe. Lamentablemente, no es ninguna novedad. Los “católicos a su manera” son una preocupación permanente en nuestra pastoral desde hace muchos años. Lo que ocurre es que en ese 70% que registró el Censo de 2002 hay distintos grados de vivir la catolicidad, y así lo expresa bien en su presentación el Profesor Valenzuela.
Uno podría pensar en la figura de los círculos concéntricos para entenderlo mejor, incluso a la luz de la propia experiencia de Jesucristo y los distintos grados de intimidad y cercanía con sus contemporáneos: primero con su Madre; luego con Juan, el discípulo amado; enseguida Pedro, Santiago y Andrés; después los doce apóstoles, los setenta y dos discípulos, los que le seguían y le escuchaban; finalmente las muchedumbres y también los otros (los gentiles). Del mismo modo, hay católicos que dedican toda su vida, desde que se levantan hasta que se acuestan cada día, a tratar de vivir conforme al Evangelio. Y hay otros que se conforman con un viaje anual a Lo Vásquez. Algunos sienten que asistir a la misa dominical o pagar el uno por ciento basta. Otros rezan en familia, apadrinan a un hogar vulnerable, salen por estos días en misiones. Hay también quienes viven devociones o prácticas personales, ajenas a la experiencia de la comunidad eclesial. Y aquellos que, muchas veces por razones justificadas, privilegian la participación en las actividades de su comunidad cristiana o las de su familia antes que la asistencia al culto litúrgico. Y todos ellos se sienten, con razón, católicos. Guardando las debidas distancias, ¿no pasa lo mismo en otras instituciones, como partidos políticos o clubes de fútbol? A diferencia de los partidos o de los clubes, en el ámbito de la fe el Tribunal Supremo aún no se pronuncia. Por lo demás, Dios nos regala la libertad de los hijos de Dios, cada cual con su libertad de conciencia. A la Iglesia y sus pastores nos corresponde formar esas conciencias y ofrecer a las personas las posibilidades de encontrarse con el Señor en su vida personal, en sus familias, en la solidaridad con los que sufren, y en la comunidad de la Iglesia. Necesitamos profundizar nuestra catequesis y nuestra formación de laicos, así como también procurar mejor acompañamiento a los agentes evangelizadores en este sentido.
Que sólo dos tercios de las personas que se declaran católicas se sientan parte de la Iglesia es un dato que no nos puede dejar indiferentes. La invitación que nos hace el Episcopado de América Latina en el Documento de Aparecida a una conversión y renovación, a ser discípulos misioneros de Cristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida, sin duda es una gran oportunidad de abordar con energía este desafío y de traducirlo en prioridades concretas en nuestras Orientaciones Pastorales nacionales que aprobaremos en abril próximo. Estas formas de vivir el ser católico que aquí he mencionado son sólo algunas de las tantas manifestaciones de la fe de las personas, aunque, por supuesto, el ideal es que un católico viva equilibradamente todas las dimensiones de la fe: en su comportamiento cotidiano, en su compromiso social, en su inserción en la comunidad eclesial, en su práctica litúrgica y en su oración.
Lamentablemente, evaluar la práctica católica exclusivamente por rezos, devociones y asistencia a misa, parece insuficiente Los reduccionismos y los sesgos en este ámbito son muy peligrosos. Sobran encuestas que muestran católicos partidarios del divorcio, de los preservativos o de la llamada “píldora del día después”. No se cuenta a los católicos que no pagan sueldos justos o evaden impuestos, a los que viven obsesionados por el consumismo; los que discriminan o excluyen en la vida laboral y social. Concluyo estas palabras con una mirada hacia ese 67% de chilenos que cree que Dios se manifiesta en el mundo en que vivimos. Desde esa cifra se comprende mejor el amor por la familia, las virtudes solidarias, y también la esperanza que enhorabuena es mayor entre los creyentes. Sin duda, las figuras de nuestros santos Teresa y Alberto, y de nuestro querido cardenal Raúl, que este estudio pone de relevancia, son para los chilenos, entre otros, muestra de ese amor de Dios por esta tierra".

domingo, 6 de enero de 2008

CATEDRAL DE SAN BERNARDO


En una visita a San Bernardo.. ( Región Metropolitana - Chile ) va una reseña de la Iglesia Catedral que, en verdad me llamó la atención :

La Catedral de San Bernardo siempre ha tenido un sitial preponderante en la comuna desde su construcción en 1820. Desde esa fecha albergó en su capacidad máxima a 300 personas y sirvió como sede de la parroquia de la ciudad hasta 1987, año en que por decreto de S.S. Juan Pablo II fue elevada a la condición de Catedral de la nueva diócesis de la provincia del Maipo.


El paso de los años, las deficiencias estructurales, y los terremotos llevaron a destruir este antiguo templo y don Orozimbo Fuenzalida comenzo la construcción del actual templol, cuyas nuevas dependencias fueron inauguradas el 25 de noviembre del 2000.
La nueva Catedral de San Bernardo tiene espacio para 600 personas sentadas y es un ejemplo del reencuentro arquitectónico contemporáneo con los símbolos del arte cristiano, tanto en la arquitectura como en la pintura. Es así como la construcción de este Templo, procuró dentro de un estilo moderno, recuperar el espacio basilical clásico con tres naves; y retomar el arte cristiano tradicional, al retratar en gran magnitud a través del arte episodios bíblicos como “La Natividad”, “El Bautismo de Jesús”, “La Crucifixión” y "La Resurrección”, entre otros.

Observación : Actualmente, los días Domingos a las 18:00 horas, es posible escuchar misa en Latín.

La Iglesia Catedral se puede visitar en los siguientes horarios ( Verano 2008 )

Lunes a Viernes 9:30 a 13:30 hrs - 16:30 a 20:30 hrs

Sábados
9:30 - 13:30 hrs. Tarde, a contar de las 17:00 hrs

Domingo : Horario Normal


martes, 25 de diciembre de 2007

NAVIDAD



En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan.
Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.

No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»

Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.

Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

Juan CAP. 1 - 1- 18
FELIZ NAVIDAD

sábado, 22 de diciembre de 2007

EL MISTERIO DE LA SALVACION

En la última Audiencia General de este año ( 19 de Diciembre ) celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa Benedicto XVI señaló la grave necesidad de que el cristiano reafirme con fuerza el misterio de la salvación de la Navidad en medio de los hombres que al negar que la Verdad exista y se haya manifestado corren el riesgo de convertirse en seres sin sentido víctimas del vacío del relativismo.

Tras constatar que el mundo secularizado ignora o considera conceptos superfluos para la vida realidades como la Encarnación del Hijo de Dios, el Santo Padre denunció la hodierna “idea de la tolerancia y del pluralismo según la cual creer que la Verdad se haya efectivamente manifestado parece ser incluso un atentado a la tolerancia y a la libertad del ser humano”.

“Sin embargo si se elimina la verdad –preguntó el Pontífice–, ¿el hombre no se convierte en un ser sin sentido? ¿No nos obligamos a nosotros mismos y al mundo a adherir a un vacío relativismo?”.

"¡Qué importante es por eso –exclamó–, que reafirmemos con fuerza el misterio de salvación que trae consigo la celebración de la Navidad de Cristo! En Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló la Vida que nos conduce a la plenitud de nuestra humanidad. Si no se reconoce que Dios se ha hecho hombre, ¿qué sentido tiene festejar la Navidad?"

Por ello, añadió el Pontífice “los cristianos hemos de proclamar con profunda y sentida convicción la verdad del nacimiento de Cristo, para testimoniar frente a todos la certeza de un don inaudito, que es riqueza no solamente para nosotros, sino para todos".

En este sentido Benedicto XVI resaltó que "de aquí surge el deber de la evangelización, que consiste precisamente en comunicar este ‘eu-angelion’, esta ‘buena nueva’. Es lo que recuerda el reciente documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que deseo proponer a vuestra reflexión y a vuestro estudio personal y comunitario".

Al finalizar su alocución, el Santo Padre exhortó a pedir a Dios en la oración “que la violencia sea vencida por la fuerza del amor, las contraposiciones cedan su lugar a la reconciliación, la voluntad de dominio se transforme en deseo de perdón, de justicia y de paz. Que los deseos de bondad y de amor que nos intercambiamos en estos días lleguen a todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana".

"Que el mensaje de solidaridad y de acogida que proviene de la Navidad –concluyó–, contribuya a crear una sensibilidad más profunda ante las viejas y las nuevas formas de pobreza, ante el bien común, en el que todos estamos llamados a participar".
Audiencias 2007

Con ocasión de esta última audiencia celebrada por el Santo Padre en el año en curso, la Prefectura de la Casa Pontificia hizo pública una nota ofreciendo algunas cifras sobre estos tradicionales encuentros de los miércoles.

La Prefectura informa que en las 44 Audiencias Generales que ha celebrado el Papa Benedicto XVI en 2007 han participado 624 mil 100 personas.