lunes, 24 de septiembre de 2007

S.S.BENEDICTO XVI : LA LOGICA DE COMPARTIR

VATICANO, 23 Sep. 07 / 07:34 am (ACI).- Miles de peregrinos se reunieron este mediodía en el Palacio Apostólico de Castelgandolfo para rezar el Ángelus Dominical con el Papa Benedicto XVI, quien señaló que el uso del dinero debe estar iluminado por el ejemplo de Cristo y que debe prevalecer en ello la lógica del compartir y de la solidaridad sobre la de la ganancia.

El Santo Padre, tras su retorno de una breve visita esta mañana a la diócesis de Velletri-Segni, meditó sobre “el recto uso de los bienes terrenos, un tema que en estos domingos el evangelista Lucas ha propuesto en modos diversos”.

“Cristo enseña a sus discípulos cuál es el mejor modo para utilizar el dinero y las riquezas materiales, esto es compartirlos con los pobres ganando así su amistad, en vistas al Reino de los cielos”, continuó el Pontífice.

El Santo Padre hizo notar que el “dinero en sí mismo no es ‘deshonesto’, pero en más de una ocasión puede encerrar al hombre en un ciego egoísmo”.

De este modo explicó cómo se “debe operar una cierta ‘conversión’ de los bienes económicos: en vez de usarlos solo para el propio interés, es necesario pensar en las necesidades de los pobres, imitando a Cristo mismo”.

“Cristo –prosiguió- no nos ha enriquecido con su riqueza sino con su pobreza, es decir, con su amor que lo ha llevado a donarse totalmente por nosotros”.

Aprovechó también la ocasión para hacer referencia a la Doctrina Social de la Iglesia que “siempre ha sostenido que la igual distribución de los bienes es prioritaria. La ganancia es naturalmente legítima y, en la justa medida, necesaria para el desarrollo económico”.

Subrayó asimismo que “la emergencia del hambre y la ecológica denuncian, con creciente evidencia, que la lógica de la ganancia, si es prevalente, incrementa la desproporción entre ricos y pobres y una ruinosa explotación del planeta. Cuando, en cambio, prevale la lógica del compartir y de la solidaridad es posible corregir el rumbo y orientarlo hacia un desarrollo ecuánime y sostenible”.

Finalmente, Benedicto XVI rezó la oración mariana con los presentes y los saludó en diversas lenguas.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

POR UNA PATRIA MAS EQUITATIVA

Estimados ( as )

Ayer ( 18 de Septiembre ), tuve la oportunidad de participar en el Te Deum de Fiestas Patrias, efectuado en la Catedral de Rancagua.
En atención a lo anterior, me es grato transcribir Homilía de Don Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua.

A modo de introducción, cabe hacer presente que, los Textos Bíblicos utilizados fueron :

Ex 3, 1 – 12 “…he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto…”

Mc 6, 31 – 44 “… denles ustedes de comer…”

TEXTO DE HOMILIA

1.- Con el corazón agradecido y el oído atento de los discípulos

En el aniversario de nuestra independencia nacional, volvemos cada año con el corazón agradecido a ponernos como país ante el Señor de la historia. Antes de cualquier otra actitud, y por sobre cualquier otro sentimiento, está nuestra gratitud al Señor: siempre es mucho más lo que tenemos que agradecer. Todo cuanto somos y tenemos, nuestras relaciones humanas, los pasos que vamos dando como país, las capacidades con que enfrentamos los desafíos de la hora presente y la esperanza con que miramos el futuro, todo eso es don de Dios. Somos obra suya y a Él hoy nos volvemos agradecidos.

Al mismo tiempo, al volvernos al Señor lo hacemos necesitados de oír su voz para que -como lo hemos escuchado en el Evangelio de san Marcos- Él nos “enseñe esas muchas cosas” (Mc 6, 34) que necesitamos para vivir como discípulos suyos. Si no nos ponemos ante el Señor con oído atento de discípulos, todo se vuelve una confusión de voces, como en la antigua historia de la torre de Babel (cf. Gén 11, 1 – 9), donde nadie se escucha, donde el diálogo se hace imposible y los seres humanos se vuelven unos contra otros.

Si nos ponemos hoy ante el Señor con el corazón agradecido, nos ponemos también con el oído atento de los discípulos. Sólo con estas actitudes es posible llegar ante el Señor como una comunidad de hombres y mujeres que quieren construir la historia de una patria justa y fraterna donde cada uno de sus hijos tenga pan, respeto y alegría.

2.- Los llamados de Dios en la historia

La historia del Pueblo de Dios pasó por duras situaciones, tal como nos lo mostraba la lectura del libro del Éxodo. En Egipto, el pueblo conoció la opresión los sufrimientos de una vida para la que no había sido creado. En esa historia llena de dolores humanos, Dios se manifestaba como el Señor de la compasión y de la justicia, que no está dispuesto a aceptar que se destruya la obra de sus manos: “he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto […] he bajado para librarlo” (Ex 3, 7 - 8). Dios quiere que su pueblo camine con dignidad, que se desarrolle integralmente y que así pueda vivir siempre agradecido dando culto al Señor.

Es en la historia donde Dios iba mostrando su rostro, su manera de actuar y sus intereses en los que estaba puesto su corazón. Allí se mostró a Moisés, le hizo ver que esa tierra que pisaba era sagrada porque Dios estaba allí, le hizo ver que la historia que vivían desde sus antepasados era la historia de Dios con ellos, y allí le confió la misión de colaborar en la liberación de su pueblo.

Aunque han pasado muchos siglos de los acontecimientos que nos relata el libro del Éxodo, Dios sigue actuando de la misma manera y saliendo a nuestro encuentro en la historia que vivimos. Su oído sigue siendo particularmente sensible a los sufrimientos de los que son condenados a una vida que no es aquella para la cual los creó, y desde esos dolores que escucha interviene buscando la dignidad y la justicia para sus hijos: la historia que vivimos como pueblo de Chile es para nosotros un lugar de encuentro con el Dios que quiere una vida plena y digna para todos sus hijos.

En medio de tantas gratitudes que podemos proclamar en esta celebración por el camino que hemos ido recorriendo con el esfuerzo generoso de tantas personas, también tenemos que hacernos cargo de los dolores y clamores que suben desde nuestra historia hacia el Señor. En las últimas décadas hemos vivido como país un intenso proceso marcado por:

- la recuperación de la democracia como forma de convivencia social y política; ha sido un primer paso significativo, el cual es necesario cuidar y profundizar a través de una convivencia verdaderamente democrática que sea honrada por la participación de los ciudadanos y donde sea dignificada la actividad política y de servicio público. A todos nos corresponde la noble tarea de cuidar y desarrollar la convivencia democrática; los episodios de violencia de estas semanas y la dramática muerte de un noble servidor público son hechos que nos duelen hondamente y que debemos desterrar de nuestra convivencia nacional.

- un segundo paso importante vivido en estas últimas décadas, es que hemos podido ser significativamente un país que se desarrolla y crece en diversos ámbitos de la vida nacional, particularmente en lo económico; se trata, entonces, de seguir creciendo hacia un desarrollo cada vez más humano;

- hay un tercer paso en el que es preciso reconocer que aún nos falta profundizar y nos queda mucho camino por recorrer, se trata de la construcción de una sociedad más equitativa, más justa, donde todos los bienes y beneficios estén mejor repartidos y al servicio de todos, particularmente de los que más los necesitan.

Este tercer paso en el caminar que vivimos como país es, en realidad, el decisivo y en virtud del cual tienen sentido los pasos anteriores, pues de poco nos serviría una democracia que no es capaz de generar más justicia social, y de poco nos serviría un mayor crecimiento del que sólo algunos se benefician y engendran nuevas y mayores injusticias. Tal es la perspectiva que señalábamos los Obispos en la última declaración del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, haciéndonos cargo de las palabras de San Alberto Hurtado que nos decía que “sin justicia social, no hay democracia integral”.

Hermanas y hermanos, si nuestra historia ha sido y es un lugar privilegiado del encuentro con Dios y donde Él se nos da a conocer, entonces el desafío de la justicia social, el llamado a construir una sociedad más equitativa debemos acogerlo como un llamado y misión que el mismo Dios nos confía al escuchar los clamores de su pueblo. Es pues, una tarea en la que todos hemos de empeñar nuestros mejores esfuerzos y, particularmente, para los católicos se juega aquí -de manera particular- una verificación de nuestra fe en Dios. En el camino al Bicentenario de nuestra Independencia nacional, todos tenemos que trabajar -y aprender a trabajar juntos- para que Chile no sea una tierra de esclavitud para ninguno de sus hijos.

3.- El desafío de la comunión

Sirviendo la misión de Pastor que el Señor me confió, me correspondió ayudar a abrir la conciencia de muchos en nuestro país al desafío de la equidad y de mayor comunión señalando la necesidad de un “salario ético” como un imperativo de justicia para nuestro país y una urgencia para la necesaria paz social.

Quisiera, en primer lugar, agradecer la acogida que ha recibido nuestro planteamiento. Lo hago valorando todo lo que muy sinceramente se hace desde los diversos actores implicados -los trabajadores, los empresarios, los diversos centros de estudios, las autoridades- por enfrentar este urgente asunto con sentido de justicia y responsabilidad social. La reciente creación de una Comisión Especial por la Equidad, por parte de la Sra. Presidenta de la República, es un hecho social de relevancia.

Hemos intervenido en este asunto porque nos interpela el Evangelio y nuestra conciencia de ciudadanos. No lo hacemos como técnicos en la materia, pues no lo somos. Lo hacemos, tal como lo señalamos los Obispos en nuestra última declaración, “porque a la conciencia cristiana de Chile no le puede resultar indiferente el sufrimiento de tantos hombres y mujeres -trabajadores, jubilados, pensionados y montepiados-, que no logran vivir con dignidad si no acceden a un ingreso que permita a una familia satisfacer sus necesidades básicas acordes con la naturaleza de quienes son hijos de Dios” .

Al plantear este grave problema que, si bien aqueja al conjunto de nuestra sociedad, lo sufren los más pobres, no somos más que el eco de la Palabra de Dios que nos interpela cuando dice: “Miren, el salario de los obreros que segaron sus campos y que no han pagado está gritando, y los gritos de sus segadores han llegado a los oídos del Señor” (Sant 5, 4). La Doctrina Social de la Iglesia se nutre de la Palabra del Señor y de la tradición de los Padres de los primeros siglos, así como de las encíclicas sociales de los Papas y del testimonio de los santos, ocupando entre ellos un lugar central para nosotros el testimonio de San Alberto Hurtado. De ella emerge con claridad la responsabilidad social de todos los católicos y el deber de los Pastores de proponerla a todos y de colaborar para que el conjunto de la sociedad de pasos de mayor justicia y fraternidad.

Como creyentes en Jesucristo lo que nos interesa es la comunión de los seres humanos con Dios y entre sí. ¿Cómo podríamos ser creyentes en el Dios que es comunión de amor del Padre y el Hijo y el Espíritu Santo si no somos los obreros de la comunión entre los seres humanos y de éstos con Dios? Esa es nuestra vida y nuestra vocación como Iglesia, tal como lo acaba de señalar la reciente Vª Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida (Brasil): somos una comunidad de discípulos y misioneros, para que nuestros pueblos tengan vida en Él.

Por esta misma razón, los creyentes en Jesucristo tenemos la misión de estar allí donde la común-unión en cualquiera de sus formas es amenazada y, por tanto, menoscabada la dignidad del ser humano. Allí es misión de la Iglesia defender esa dignidad humana y anunciar el designio de común-unión que Dios tiene para todos los hombres y mujeres. En ocasiones hemos tenido que hacerlo a causa de graves violaciones de los derechos humanos; en otras ocasiones cuando el derecho a la vida es amenazado, especialmente en los más pequeños e indefensos a causa del aborto; en otras, cuando hay políticas públicas que debilitan a la familia o no contribuyen a una real educación de niños y jóvenes. Del mismo modo, nuestro llamado a todos los sectores de la sociedad a buscar un “salario ético” se inserta en esta corriente de promoción de la dignidad humana que anima al designio de comunión entre Dios y los hombres.

De esta manera, queremos volver a llamar a todos los actores sociales involucrados a trabajar buscando las formas y los medios para una mejor distribución de los bienes y asegurar que todos los trabajadores de nuestro país puedan recibir un salario del que nadie se avergüence, tanto de pagar, como de recibir. En realidad, y sin eufemismos, ¡lo mínimo para que un salario sea mínimo es que sea ético, si no es así significa que estamos viviendo en una sociedad inmoral!

Renovamos este llamado porque nos anima la convicción, como lo señalamos en la última declaración del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, “que las decisiones económicas y las políticas públicas deben estar siempre motivadas por el bien de las personas, considerando de un modo privilegiado a los más vulnerables, a los más pobres. No podemos resignarnos a aceptar la inequidad y la injusticia social como datos de la realidad. No podemos separar la ética de la vida ni de la economía” .

Llegamos así a la cuestión de fondo en lo que se refiere a la búsqueda de consensos y de comunión que necesita nuestro país para ser “patria”, es decir, una casa paterna, para todos sus hijos. Me refiero a la necesidad de crecer todos en la convicción -y, por cierto, en las consecuencias prácticas- de que la pregunta ética atraviesa todas las dimensiones de nuestra vida, puesto que se trata de la pregunta por el Bien y por lo bueno que todos deseamos y buscamos, aunque a veces erremos el camino de la búsqueda y de su realización.

La cuestión urgente del “salario ético” es preciso, entonces, que la situemos en su contexto más amplio, el cual sí nos permitirá avanzar como un país que es patria para todos. Se trata de que abordemos como un real desafío social -en nuestro camino al Bicentenario- la tarea de repensar desde la responsabilidad ética qué nos corresponde a cada uno, qué país queremos, qué tipo de sociedad queremos vivir, qué tipo de desarrollo buscamos, qué tipo de crecimiento deseamos, qué tipo de empresas queremos desarrollar, qué tipo de conocimientos queremos promover, qué tipo de vida política y de políticos deseamos, qué modo de relacionarnos queremos cultivar; en una palabra, qué Chile queremos vivir nosotros y qué futuro queremos entregar a las próximas generaciones…

Sólo desde una clara aspiración al Bien y desde una sólida base valórica podremos hacer una patria para todos. Quisiera citar al respecto lo señalado por el Papa Benedicto XVI al inaugurar la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida: “las estructuras justas son, como he dicho, una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal” .

Desde nuestra fe en Dios, Señor de la historia, los católicos estamos llamados a colaborar en este diálogo ético, en la necesaria y compleja búsqueda de consensos, y en el testimonio de vida de los valores fundamentales del respeto a la persona humana, del valor de la vida, de la infatigable búsqueda de la justicia social, del diálogo como forma de resolución de los conflictos, de la solidaridad entrañable con los dolores de los pobres y sufrientes. Nuestro Chile puede contar hoy -como ha podido contar en el pasado- con el testimonio y aporte de los católicos en esta tarea fundamental: sabemos que un país que quiera ser como una “casa paterna”, una patria, no se construye sin Dios, sin acoger al Padre común y sin darle una respuesta de fe en la fraternidad. Ahí está y estará siempre nuestro compromiso evangelizador en medio de la vida e historia de nuestro querido Chile.

4.- Nuestra responsabilidad

En el Evangelio que hoy hemos proclamado se nos recuerda que en medio de los complejos desafíos de la historia, el Señor nos hace responsables de las situaciones, asegurando su presencia, pero invitándonos a actuar nosotros. En realidad, la situación de los discípulos era casi desesperada: como alimentar a una multitud en un lugar despoblado y sin medios suficientes para ello. La respuesta de Jesús es un desafío a la libertad y responsabilidad de los discípulos: “denles ustedes de comer” (Mc 6, 37).

El Señor Jesús sale a nuestro encuentro en los desafíos de nuestra historia, invitándonos a dar una respuesta que signifique un mayor crecimiento en la común-unión. La respuesta de los discípulos del Evangelio era tan pequeña, tan desproporcionada con las necesidades de la multitud hambrienta -¡sólo tenían cinco panes y dos peces!-, pero al mismo tiempo, ¡era tan verdadera, pues entregaban lo que tenían sin buscar soluciones personales! Esa respuesta de los discípulos del Evangelio que entregan sus cinco panes y dos peces, nos abre una pista por donde podemos avanzar atreviéndonos a entregar lo que cada uno es y tiene para el bien de todos. Y lo que es más importante aún, sólo desde esa respuesta de los discípulos el Señor puede multiplicar los esfuerzos de la generosidad humana que Él mismo ha despertado.

En el camino de ir avanzando hacia una sociedad más equitativa, hay diversos grupos que nos abren camino, poniendo con generosidad sus cinco panes y dos peces. Quisiera destacar y agradecer a los jóvenes de nuestro país que si bien, a veces, nos resultan tan distintos e incluso poco integrados a los cauces más habituales de participación ciudadana, han ido manifestándose como un grupo social preocupado por la pobreza de tantos chilenos y por los problemas vinculados a la falta de equidad, han sabido desarrollar -con pocos medios- acciones creativas y organizaciones de voluntariado que aportan soluciones reales. Quisiera animarlos a seguir abriendo un camino nuevo para una mayor justicia en nuestra región y en nuestro país.

Hermanas y hermanos, a todos nosotros nos toca poner nuestros cinco panes y dos peces para la mesa común: esa es nuestra responsabilidad y es, por lo mismo, nuestra oportunidad de construir nuestra historia colaborando en el designio de Dios que quiere y busca la comunión entre todos sus hijos.

Desde la responsabilidad que asumimos de ser verdaderos colaboradores del designio de Dios, le decimos “¡Quédate con nosotros, Señor!” ……


- ¡Quédate con nosotros Señor!.
Acompáñanos en nuestro
peregrinar por Chile,
para que esta Patria amada
que es de todos, llegue
a ser verdaderamente una copia feliz del Edén.

- ¡Quédate con nosotros Señor!
y regálanos un corazón abierto
y sensible a las necesidades
de los más pobres y sufrientes, para que
con sabiduría, audacia y
prudencia encontremos los
caminos más adecuados
para hacer de Chile una
nación más justa, equitativa
y fraterna.

- ¡Quédate con nosotros Señor!
Quédate en nuestras familias
Y fortalécelas en el amor y en la unidad. Quédate
Señor con nuestros niños y
jóvenes, promesa y esperanza
del hoy y del mañana. Dáles
generosidad y nobleza para
servir y amar. Quédate Señor
con nuestros ancianos y enfermos,
dáles fortaleza y cercanía fraterna.

- ¡Quédate con nosotros Señor!
Quédate en nuestros campos,
Bendice a quienes
día a día, cultivan
la tierra con esfuerzo. Quédate
en la profundidad de
nuestras minas y acompaña
a quienes extraen la riqueza
del cobre y otros minerales
para contribuir al bienestar
de todos los chilenos. Quédate
con todos los que trabajan por el desarrollo
y el progreso de Chile.

- ¡Quédate con nosotros Señor!
quédate en el corazón y
en las decisiones de nuestras
autoridades, en sus diversos
niveles, para que promuevan
siempre, el bien común, la
dignidad de todos, el respeto
por cada persona, la unidad
de nuestro pueblo.

Sí, Señor, ¡quédate con nosotros!.
porque nuestra vida y nuestra historia sólo
se puede comprender y
vivir en plenitud a partir
de Ti y solo viviendo en
relación contigo nuestra vida
será verdadera, digna,
libre y justa.


A ti, Señor de la Vida y de la Historia, honor y gloria por los siglos de los siglos.

Amén.


† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua


Rancagua, septiembre 18 de 2007

martes, 18 de septiembre de 2007

CAUSA DE BEATICACION



VATICANO, 17 Sep. 07 / 08:34 am (ACI).- El Papa Benedicto XVI expresó hoy su alegría por la noticia del inicio de la causa de beatificación del cardenal vietnamita Francois-Xavier Nguyen Van Thuan, a quien calificó de “singular profeta de la esperanza cristiana”, y quien pasó trece años de su vida y ministerio episcopal en diversas prisiones de su país a causa de su fe.


Así lo expresó el Santo Padre al recibir a los oficiales y colaboradores del Pontificio Consejo Justicia y Paz y a los miembros de la Fundación San Mateo y del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuan para la difusión de la doctrina social de la Iglesia con ocasión del quinto aniversario de la partida a la Casa del Padre del Purpurado que estuvo encarcelado entre 1975 –después que Vietnam del Sur fuera derrotado por el Norte y comenzara la represión contra la Iglesia Católica– y 1998, luego de ser nombrado Arzobispo coadjutor de Saigón (Thanh-Pho Ho Chi Minh).


Del Cardenal Van Thuan, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz (1998-2002) e iniciador de la publicación del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia –publicado en octubre de 2004–, el Papa destacó su "cordialidad y la capacidad que tenía de dialogar y de hacerse prójimo de todos; su fervoroso compromiso en la difusión de la doctrina social de la Iglesia entre los pobres del mundo, el anhelo por la evangelización en su continente, Asia, la capacidad que tenía de coordinar las actividades de caridad y de promoción humana que promovía y sostenía en los lugares más recónditos de la tierra".


El Purpurado, continuó
Benedicto XVI, “era un hombre de esperanza, vivía de esperanza y la difundía entre todos los que encontraba. Gracias a esta energía espiritual resistió a todas las dificultades físicas y morales. La esperanza lo sostuvo como obispo aislado durante trece años de su comunidad diocesana; la esperanza le ayudó a percibir en lo absurdo de los eventos que le sucedieron –nunca fue procesado durante su larga detención– un designio providencial de Dios”.
"Al Cardenal Van Thuan le gustaba repetir que el cristiano es el hombre del ahora, del momento presente que hay que acoger y vivir con el amor de Cristo. En esta capacidad de vivir la hora presente se descubre su abandono íntimo en las manos de Dios y la sencillez evangélica que todos hemos admirado en él".


Siendo presidente del dicasterio vaticano, el entonces
Papa Juan Pablo II le invitó a dirigir el retiro de la Curia Vaticana al inicio de la Cuaresma del 2000. El tema escogido por el Purpurado para la ocasión fue “Testimonio y Esperanza”.


Hasta el día de su fallecimiento, el Cardenal llevaba la
cruz pectoral que él mismo fabricó a escondidas con un trozo de madera de la prisión. El entonces Arzobispo adjunto de Saigón protegía la cruz ocultándola en un trozo de jabón para que sus carceleros no se la quitaran; tras su liberación, cubrió esa cruz con una capa de metal.


Durante sus años en prisión, escribió varias cartas a sus feligreses, las mismas que circularon clandestinamente primero, y luego recogidas en un libro titulado “A lo largo del Sendero de la Esperanza”.


El Purpurado vietnamita falleció en Roma el 16 de septiembre de 2002.

domingo, 16 de septiembre de 2007

INVITACION A REZAR NOVENA





















Estimados amigos ( as )

Hemos recibido una invitación de la Madre María de la Santísima Trinidad, Superiora del Monasterio de Adoratrices de Colegual, para unirnos a una novena que se rezará en honor a San José a contar del próximo miércoles 19 de septiembre de 2007.

La novena tiene por objeto, pedir su intercesión ante Dios para que la Divina Providencia provea de lo necesario para que no se detenga la construcción del "Monasterio de Jesús Sacramentado de la Orden Monástica de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento", en el sector de Colonia Tres Puentes, en la Comuna de Puerto Varas (Chile).

Desde su llegada a la zona en el año 2000, procedentes de México, las madres Adoratrices han vivido en la ex casa parroquial de Colegual, cedida por el Arzobispado de Puerto Montt en forma provisoria mientras se determine un lugar definitivo para el monasterio.

Las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento son una Orden Religiosa de derecho pontificio, nacida en Roma el 8 de julio de 1807 en el convento de Santa Ana, en las Cuatro Fuentes, y fundada por la
Madre Magdalena de la Encarnación (Catalina Sordini Movizzo) impulsada por el deseo de reparación a Jesús Sacramentado ya que Italia pasaba por momentos difíciles, a causa de la de la invasión francesa.

La Venerable Madre María Magdalena de la Encarnación, nació el 16 de abril de 1770 en Puerto Santo Steffano, Italia. Fue bautizada con los nombres de: María Antonia Francisca Catalina Sordina. A los 18 años ingresó al monasterio de las franciscanas en Ischia di Castro. Se distinguió por su gran amor a la Eucaristía y ahí tuvo la inspiración de fundar la Orden de Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento.

CARISMA CONGREGACIONAL Y ESPIRITUALIDAD:

  • Estar día y noche delante de Jesús Eucaristía, alternándose por turnos en una ininterrumpida adoración.
  • Dar a Dios, Uno y Trino, haciéndose voz de cada criatura, alabanza, gracias, gloria, honor y bendición.
  • Amar, adorar, agradecer, interceder y reparar.
  • Implorar al Padre, en unión con los mismos sentimientos de su Hijo, presente en el Santísimo Sacramento, inmolándose con El por las necesidades de la Iglesia y del mundo.
  • Testimoniar la presencia permanente de Jesús en la Hostia, y atender con esmero, la difusión del culto Eucarístico, facilitando a los hermanos la participación en su oración y adoración.
  • Espiritualmente activas en el corazón de la Iglesia, absorbiendo de la fuente de la Eucaristía, animadas por el mismo espíritu de su venerable Fundadora, las adoratrices, dan testimonio a todos de la presencia Real del Dios de amor entre los hombres. Y como su Madre, imploran para que El. "sea de todos conocido, amado, adorado y agradecido en cada momento, en el Santísimo y Divinismo Sacramento".

    NOVENA A SAN JOSE

    ORACIÓN PREPARATORIA

    Por la señal, etc.

    Señor mío Jesucristo, etc.

    Oh gloriosísimo Padre de Jesús, Esposo de María. Patriarca y Protector de la Santa Iglesia, a quien el Padre Eterno confió el cuidado de gobernar, regir y defender en la tierra la Sagrada Familia; protégenos también a nosotros, que pertenecemos, como fieles católicos. a la santa familia de tu Hijo que es la Iglesia, y alcánzanos los bienes necesarios de esta vida, y sobre todo los auxilios espirituales para la vida eterna. Alcánzanos especialmente estas tres gracias, la de no cometer jamás ningún pecado mortal, principalmente contra la castidad; la de un sincero amor y devoción a Jesús y María, y la de una buena muerte, recibiendo bien los últimos Sacramentos. Concédenos además la gracia especial que te pedimos cada uno en esta novena.

    Pídase con fervor y confianza la gracia que se desea obtener. A continuación rezar la oración del día que corresponda:

    ORACIÓN FINAL
    (para todos los días)

    Oh custodio y padre de Vírgenes San José a cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma inocencia de Cristo Jesús y la Virgen de las vírgenes María; por estas dos queridísimas prendas Jesús y María, te ruego y suplico me alcances, que preservado yo de toda impureza, sirva siempre castísimamente con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto a Jesús y a María. Amén.

    Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía

    Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

    Jesús, José y María, con Vos descanse en paz el alma mía.

    Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

    Antífona. Tenía el mismo Jesús, al empezar su vida pública, cerca de treinta años, hijo, según se pensaba de José.

    V. San José, ruega por nosotros.

    R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

    Oración. Oh Dios que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, pues le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como protector en los cielos. Oh Dios que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.

    DÍA PRIMERO

    Oh benignísimo Jesús así como consolaste a tu padre amado en las perplejidades e incertidumbres que tuvo, dudando si abandonar a tu Santísima Madre su esposa, así te suplicamos humildemente por intercesión de San José nos concedas mucha prudencia y acierto en todos los casos dudosos y angustias de nuestra vida, para que siempre acertemos con tu santísima voluntad.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA SEGUNDO

    Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado en la pobreza y desamparo de Belén, con tu nacimiento, y con los cánticos de los Ángeles y visitas de los pastores, así también te suplicamos humildemente por intercesión de San José, que nos concedas llevar con paciencia nuestra pobreza y desamparo en esta vida, y que alegres nuestro espíritu con tu presencia y tu gracia, y la esperanza de la gloria.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA TERCERO

    Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu amado padre en el doloroso misterio de la Circuncisión, recibiendo de él el dulce nombre de Jesús, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, nos concedas pronunciar siempre con amor y respeto tu santísimo nombre, llevarlo en el corazón, honrarlo en la vida, y profesar con obras y palabras que tú fuiste nuestro Salvador y Jesús.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA CUARTO

    Oh benignísimo Jesús, así como consolaste a tu padre amado de la pena que le causó la profecía de Simeón, mostrándole el innumerable coro de los Santos, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José que nos concedas la gracia de ser de aquellos para quienes tu sirves, no de ruina, sino de resurrección, y que correspondamos fielmente a tu gracia para que vayamos a tu gloria.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA QUINTO

    Oh benignísimo Jesús, así como tu amado padre te condujo de Belén a Egipto para librarte del tirano Herodes, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos libres de los que quieren dañar nuestras almas o nuestros cuerpos, nos des fortaleza y salvación en nuestras persecuciones, y en medio del destierro de esta vida nos protejas hasta que volemos a la patria celestial.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA SEXTO

    Oh benignísimo Jesús así como tu padre amado te sustentó en Nazaret, y en cambio tú le premiaste en tu santísima compañía tantos años, con tu doctrina y tu dulce conversación, así te rogamos humildemente, por intercesión de San José nos concedas el sustento espiritual de tu gracia, y de tu santa comunión, y que vivamos santa y modestamente, como tú en Nazaret.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA SÉPTIMO

    Oh benignísimo Jesús, así como por seguir la voluntad de tu padre celestial permitiste que tu amado padre en la tierra padeciese el vehementísimo dolor de perderte por tres días, así te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que antes queramos perder todas las cosas y disgustar a cualquier amigo, que dejar de hacer tu voluntad; que jamás te perdamos a ti por el pecado mortal, o que si por desgracia te perdiésemos te hallemos mediante una buena confesión.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA OCTAVO

    Oh benignísimo Jesús, que en la hora de su muerte consolaste a tu glorioso padre, asistiendo juntamente con tu Madre su esposa a su última agonía, te suplicamos humildemente, por intercesión de San José, que nos concedas una muerte semejante a la suya asistido de tu bondad, de tu Santísima Madre y del mismo glorioso Patriarca protector de los moribundos, pronunciando al morir vuestros santísimos nombres, Jesús, María y José.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    DÍA NOVENO

    Oh benignísimo Jesús, así como has elegido por medio de tu Vicario en la tierra a tu amado padre para protector de tu Santa Iglesia Católica, así te suplicamos humildemente por intercesión de San José, nos concedas el que seamos verdaderos y sinceros católicos, que profesemos sin error la fe católica, que vivamos sin miedo una vida digna de la fe que profesamos, y que jamás puedan los enemigos ni aterrarnos con persecuciones, ni con engaños seducirnos y apartamos de la única y verdadera religión que es la Católica.

    Terminar con la oración final para todos los días.

    Mayores informaciones en :
    http://www.adoratrices.cl














miércoles, 12 de septiembre de 2007

REFLEXIONES DE S.S. BENEDICTO XVI


Durante la tercera jornada de su viaje apostólico a Austria, el Papa BENEDICTO XVI visitó la histórica Abadía de Nuestra Señora de Heiligenkreuz (Santa Cruz), a unos 20 kilómetros al oeste de Viena, en la que resaltó algunos aspectos fundamentales de la vocación monacal y de la reflexión y formación teológicas.

Después de rezar ante el Santísimo Sacramento y ante la reliquia de la Santa Cruz, el Santo Padre ofreció un discurso en el que subrayó que la oración, una tarea que incumbe a todo cristiano, se encuentra especialmente en el centro de la vida monacal.

En su alocución en el interior del monasterio cisterciense fundado en 1135 por Leopoldo III, el Papa señaló que "es cierto, no solo los monjes son los que rezan; también las demás personas rezan: niños, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, personas casadas y solteras, ¡todo cristiano reza! ¡O al menos debería hacerlo!". Sin embargo, precisó, "en la vida de los monjes, la oración tiene una especial importancia; es el corazón de sus compromisos profesados".

Ante los 78 monjes de la comunidad, los profesores y un centenar de estudiantes de la Facultad de Teología que alberga la abadía, además de algunos obispos austriacos y feligreses, el Santo Padre señaló también que el Oficio divino, del que derivó el Breviario, es testimonio y servicio por excelencia y que todo sacerdote y persona consagrada no debe anteponer nunca nada él.

Al respecto, el Pontífice dijo que "más allá de nuestras capacidades de anhelar y buscar a Dios hemos sido anhelados, buscados y encontrados por Él. La mirada vagante de los hombres de todo tiempo y pueblo, de todas las filosofías, religiones y culturas encuentra siempre los ojos abiertos sin límites del Hijo de Dios crucificado y resucitado" y apuntó que "nuestra luz, nuestra verdad, nuestra meta, nuestro sosiego, nuestra vida, todo ello no es una doctrina religiosa, sino una Persona: Jesucristo".

Más adelante, el Pontífice se refirió a la liturgia, indicando que en ella se hace presente en la tierra un "trocito" de cielo. "No es aventurado pensar que se percibe una imagen de la eternidad", dijo.

El Papa pidió a los monjes que cumplan la liturgia sagrada, contemplando a Dios en la comunión de los santos, de la Iglesia de todo lugar y de todo tiempo, para que sea expresión del "Dios amigo de los hombres".

¿Teología sin fe?

En su discurso, Benedicto XVI también abordó el tema de la teología, advirtiendo que "como una liturgia que olvida la mirada hacia Dios, también una teología que pierde el sentido de la fe deja de ser teología y acaba por reducirse a una serie de disciplinas más o menos relacionadas entre ellas".

Asimismo, el Papa abordó el tema de la formación de los llamados al sacerdocio y a la vida consagrada resaltando que para que ésta garantice la fidelidad a lo largo de toda la vida debe integrar la "fe y razón, corazón y mente, vida y pensamiento".

Cuando se descuida la dimensión intelectual, precisó, "surge demasiado fácilmente una forma de pía obsesión, que vive casi exclusivamente de emociones y de estados de ánimo, que no pueden ser mantenidos durante toda la vida", y cuando se descuida la dimensión espiritual se crea "un racionalismo enrarecido, frío, que jamás puede desembocar en una entrega entusiasta a Dios".

miércoles, 5 de septiembre de 2007

CHILE PUEDE MUCHO MAS

"Chile puede mucho más", afirman empresarios cristianos"Los actuales criterios y objetivos de la empresa no pueden ser exclusivamente de naturaleza financiera o comercial", señala USEC en una declaración sobre equidad y justicia.

La Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC) acogió positivamente el llamado que ha hecho el Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Alejandro Goic, a promover la justicia y la equidad con buena disposición y búsqueda de propuestas.

El organismo gremial expresó su satisfacción por el debate nacional que se ha generado en torno a este tema y valoró que, a iniciativa de la Presidenta de la República, se definiera la creación del Consejo para la Equidad Social con una amplia representatividad: "Una tarea de reflexión que juzgamos necesaria, y con la cual nos sentimos plenamente identificados ya que coincide con la esencia de nuestro quehacer".

La USEC promueve la práctica de los conceptos de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Estos principios básicos son el respeto a la dignidad de las personas, el bien común, el principio del destino universal de los bienes, el principio de la subsidiaridad, la participación y la solidaridad; los cuales se asocian a cuatro valores íntimamente ligados entre sí: la verdad, la justicia, la libertad y el amor fraterno.

En su declaración, plantea que la sostenibilidad de toda empresa emana de un clima de confianza y colaboración entre todos sus miembros, el que sólo se consigue con un trato percibido como justo por todos los participantes. Al mismo tiempo, establece que "los actuales criterios y objetivos de la empresa no pueden ser exclusivamente de naturaleza financiera o comercial, sino deben estar fundamentalmente basados en el respeto a la dignidad de las personas con las que interactúa y en especial con sus colaboradores más directos".

Los empresarios cristianos agrupados en USEC se declaran convencidos de que el crecimiento económico es el factor fundamental para reducir y eliminar la pobreza, y que para lograr esto la empresa debe ser cuidada y respetada en su unidad. "Chile puede y debe aspirar a mucho más que derrotar la pobreza", añaden.Desde esa certeza, invitan a mirar con mayor atención los "verdaderos problemas de nuestra realidad social, que son a nuestro juicio, la baja productividad y los altos índices de trabajo informal. Ambos fenómenos tienen su raíz en la mala calidad de la educación, la falta de hábitos de trabajo que están limitando seriamente las posibilidades de ocupación en muchos jóvenes y las restricciones que la ley impone al trabajo formal".Asimismo, expresan su preocupación por el "clima de agitación y violencia que están generando movimientos, muchas veces ilegales y que están afectando seriamente la libertad de trabajo y el derecho natural de propiedad".

A juicio de USEC, la mejor herramienta de un trabajador para obtener una remuneración adecuada "dependerá fundamentalmente de sus capacidades y del acceso a un mercado laboral que le ofrezca múltiples oportunidades".Fuente: USEC - Prensa CECh Santiago, 04/09/2007

FUENTE : http://www.iglesia.cl

FUENTE : http://www.usec.cl/