sábado, 2 de mayo de 2009

EUCARISTIA DIA DEL TRABAJADOR

ESTIMADOS (AS) :

Me permito compartir con Uds., texto de la homilía de la Misa por el Día del Trabajo.


VIVIR EL EVANGELIO DEL TRABAJO HUMANO

Homilía en la Misa por el Día del Trabajo
Catedral de Rancagua, 30 de abril de 2009

Textos bíblicos
Gén. 1,26 – 2, 3
Mt. 13,54 – 58
Queridas (os) hermanas (os):

Como cada año, nos reunimos en las vísperas del Día del Trabajo para orar y reflexionar.
Fue en 1955 que el Papa Pío XII instituyó el 1º de mayo la fiesta de San José Obrero para confiar a su protección a las trabajadoras y trabajadores del mundo entero. La figura de San José, el humilde artesano de Nazaret, nos orienta hacia Cristo, el Salvador de todos, el Hijo de Dios que compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado.
Como nos decía el Génesis, el hombre y la mujer fueron creados a imagen y semejanza de Dios y Él les encomienda el poder maravilloso de participar en la obra creadora de Dios y de llevarla a su plenitud.

Desde la creación el trabajo es un auténtico valor humano.
Perfeccionar el mundo, dignificar el trabajo humano, hacer participar a todos de los bienes dados por Dios a todos, son consecuencias claras y evidentes del mandato bíblico del Creador.

Jesús en el Evangelio había asombrado a todos por su sabiduría, su cercanía a todas las realidades humanas, por sus signos y milagros.

En Nazaret, su pueblo natal, en cambio, encuentra rechazo, desconfianza, incredulidad. Conocían su origen humilde y la condición social de su familia. Decían con cierto desdén y desprecio: “¿No es éste el hijo del carpintero? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?” (Mt. 13, 55-56). Es mirado en menos. Estos textos bíblicos de hoy nos sugieren tres aspectos para nuestra festividad de San José Obrero y el Día del Trabajo.

1) La dificultad que aún hoy encuentra el anuncio del Evangelio en sectores de nuestra sociedad.
2) La dignidad del trabajo humano, puesto que el mismo Hijo de Dios quiso practicarlo.
3) La solidaridad de Cristo con todos los trabajadores.

Digamos algo de estos tres aspectos.

1) La dificultad que aún hoy encuentra el anuncio del Evangelio en sectores de nuestra sociedad
Jesús, en su peregrinar en este mundo, anunció el Reino de Dios con sus palabras y con su vida. La Buena Nueva de Jesús toca todas las realidades humanas. Nada hay de lo humano que no sea tocado y transformado por Jesús y su Evangelio.

En su época, Jesús por decir lo que dijo y hacer lo que hizo, fue sentenciado y condenado a muerte. Pero el poder de Dios lo resucitó y la muerte ya no tiene dominio sobre Él: es el Eterno viviente.

La Iglesia en la historia humana y hasta el fin de los tiempos, tiene la misma misión de Jesús.
Jesús y su Iglesia defienden la vida humana desde su fecundación hasta su muerte natural. “Tratándose de la defensa de la vida, el ideal democrático es solamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana. Un cristiano debe ser un artesano y testigo de la cultura de la vida y está llamado a defender y privilegiar siempre la vida sin exclusión” (CECh 24-IV-2009).

Jesús y su Iglesia señalan los grandes valores sobre los cuales se ha construido la historia patria y debe seguir construyéndose: “la centralidad de la familia, fundada en el matrimonio; la dignidad de toda vida humana; la solidaridad con los pobres; el derecho y deber de los padres de educar a sus hijos; la libertad religiosa, y otros valores que la Iglesia declara irrenunciables” (CECh 24-IV-2009).

Jesús y su Iglesia hacen una propuesta de sexualidad humanizadora que enaltezca la dignidad de la mujer y del varón, que respete el orden natural de la creación.

No siempre fue comprendido Jesús en sus enseñanzas. No siempre es comprendida su Iglesia hoy en lo que proclama. La Iglesia no está para agradar y halagar a los amos del mundo, sino para señalar la verdad que viene de Dios. Con humilde y firme voz la Iglesia, como Pedro el apóstol señala: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hechos 4, 20)

2) La dignidad del trabajo humano, puesto que el mismo hijo de Dios quiso practicarlo
La Iglesia santifica hoy la fiesta del Trabajo para proclamar el valor real de esta actividad humana, para aprobar y bendecir la acción de los trabajadores en la lucha que llevan adelante por obtener mayor dignidad, justicia y libertad. Las Encíclicas Sociales, especialmente de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II son profundamente luminosas. El magisterio de Benedicto XVI, en múltiples mensajes y homilías actualiza esas enseñanzas.

Recientemente los Obispos de Chile, ante la crisis económica que vivimos señalamos:
“Desde la fe en Cristo resucitado, Señor de la Vida, surge un aspecto esencial para quienes anhelamos vivir las crisis actuales en clave cristiana. Debemos manifestar una preocupación especial por la vida de los pobres. Tampoco escapa a nuestra solicitud la realidad que vive la inmensa mayoría de la clase media de nuestro país. Desde nuestras diócesis conocemos muy bien cómo la crisis está afectando a muchos sectores de sus familias y habitantes. El cierre de fuentes de trabajo, la cesantía que ello significa, el derrumbe emocional de quienes están en esa situación, los tan dolorosos efectos en la vida familiar, la congelación de estudios superiores, la incertidumbre, son sólo algunos dramáticos efectos. Pero la crisis financiera mundial, cuyas nefastas consecuencias percibimos a diario, tiene un origen mucho más grave, que dice relación con el extravío de los valores éticos y la consecuente vida moral. El Papa Benedicto XVI lo dijo con claridad en su encuentro con los sacerdotes de Roma: “Al final, se trata de la avaricia humana como pecado o de la avaricia como idolatría. Nosotros debemos denunciar esa idolatría que se opone al Dios verdadero y que falsifica la imagen de Dios a través de otro dios, el dios dinero”. Queremos invitar a nuestras comunidades a actuar solidariamente, y a los chilenos todos a cuidar responsablemente las fuentes de trabajo. Apelamos a la creatividad y a la responsabilidad social del Estado, de los empresarios y de los mismos trabajadores, para no perder fuentes de trabajo y promover nuevos puestos laborales. Hacemos también un llamado a los docentes de nuestras Universidades y centros de estudios a estudiar en profundidad la actual crisis y a buscar propuestas para una economía que respeten las nociones de equidad, justicia y bien común, y abra camino a los pobres para que vivan conforme a su dignidad humana” (CECh, 24-IV-09)

El costo social de la actual crisis no lo pueden pagar los más pobres. De cara al bicentenario y las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias urgen debates verdaderos, claros y transparentes para superar la injusta pobreza de los pobres y construir un país más equitativo y solidario. Es preciso como dice Benedicto XVI “elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y la solidaridad.

3) La solidaridad de Cristo con todos los trabajadores
Cristo comparte la humilde condición del trabajo manual y de hacerse así solidario con todos los trabajadores de todos los tiempos, sobre todo los más débiles y pobres, que son los más expuestos al desgaste de la fatiga física, del abuso deshonesto e injusto. Esa vida y elección de Cristo es el fundamento de la solidaridad de la Iglesia y de todo creyente con los más pobres y los más humildes. ¡Es una exigencia del Evangelio! ¡Es una exigencia de nuestra fidelidad a Cristo!
Chile, nuestra amada Patria, requiere avanzar mucho más en justicia social, especialmente desde la perspectiva de los trabajadores. El diálogo empresa-trabajadores no es lo suficientemente fluido, equilibrado. De los casi 8 millones de trabajadores, solo el 13,5% está organizado sindicalmente, menos del 10% puede negociar colectivamente.
La enseñanza social de la Iglesia “reconoce la función fundamental desarrollada por los sindicatos de trabajadores, cuya razón de ser consiste en el derecho de los trabajadores a formar asociaciones o uniones para defender los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas profesiones” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 305).

La organización de los trabajadores es fundamental para defender sus legítimos intereses: una organización que trabaje por la dignificación de todos, libre de toda tutela de partidos políticos, que se esfuerce por la justicia social, por los derechos de los hombres de trabajo. Es una lucha a favor del justo bien, no es una lucha contra los demás (Doctrina Social de la Iglesia, 306).
El sindicato es un medio para la solidaridad y la justicia.

Oremos, hermanas y hermanos, al presentar ahora nuestros dones y ofrendas, nuestras herramientas de trabajo, el pan y el vino. Cristo se hace presente en medio nuestro, nos alimenta con el Pan de Vida que es Él mismo y nos llama e invita a vivir el Evangelio del trabajo humano.
A Él, el honor y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua


Rancagua, 30 de abril de 2009.

domingo, 29 de marzo de 2009

UN GESTO DE MISERICORDIA

Una vehemente discusión ha surgido en torno a la decisión de Benedicto XVI de poner fin a la pena de excomunión de cuatro obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre. Hoy, nuestro Obispo Diocesano, monseñor Alejandro Goic, nos habla de esta decisión tomada por el Santo Padre.

Monseñor, la remisión por parte de Benedicto XVI de la excomunión a cuatro obispos lefebvristas provocó tanto revuelo que el Santo Padre envió una carta a todos los obispos argumentando su decisión. Explíquenos, por favor, cómo se generó esta situación.

- En el año 1988 el arzobispo de origen francés Marcel Lefebvre, que había sido un gran misionero en África, desconociendo las orientaciones del Concilio Vaticano II, y sin mandato del Papa, consagró a cuatro sacerdotes como obispos y se generó este llamado movimiento lefebvrista. Ningún obispo puede consagrar a otro sin la autorización explícita del Santo Padre. Es el Papa quien, según las leyes de la Iglesia, nombra a los obispos y por mandato del él lo consagran otros obispos. Y por eso se produjo lo que se llama un cisma, es decir, una separación de Lefebvre ya fallecido, los cuatro obispos consagrados por él de manera ilegítima y todo el movimiento de gente que los ha seguido y de alguna manera están y estaban fuera de la Iglesia. Por lo tanto, la carta que el Papa nos mandó a todos los obispos nace en ese contexto. Él por una actitud de misericordia, levanta la excomunión que pesaba sobre estos cuatro obispos, sucesores de monseñor Lefebvre.

¿Cree Ud. que la decisión de Benedicto XVI tiene que ver con un acto de misericordia y un concepto de Iglesia en la que todos cabemos?

- Yo creo que, sin duda, que la actitud de la misericordia es una actitud fundamental del Evangelio, pero siempre la unidad de la Iglesia Católica está en el sucesor de Pedro, hoy Benedicto XVI. Estas personas, en conversaciones privadas con un cardenal que estaba a cargo de dialogar con ellos, manifestaron su deseo de volver a la comunidad con la Iglesia y, en ese contexto, lo que hace el Santo Padre es simplemente levantarles la pena de excomunión, es decir, que vuelven al seno de la Iglesia Católica, pero actualmente ellos no tienen ninguna responsabilidad pastoral, se sigue estudiando su situación. Lo que es evidente es que si ellos quieren volver en plenitud a la Iglesia católica, tienen que asumir la fidelidad al sucesor de Pedro y tienen que asumir el Concilio Vaticano II en toda su plenitud. Este gesto, como lo dice el Papa en su carta, fue posible después que los interesados reconocieran, en línea de principios, al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de que todavía subsisten algunas diferencias en lo doctrinal, que justamente será materia de estudio, pero la Iglesia Católica para mantener su unidad tiene que estar en comunión con el sucesor de Pedro.

¿Cree Ud. que esta decisión del Papa fue mal interpretada? ¿Por qué?

- La carta que el Papa nos mandó con fecha 10 de marzo a todos los obispos y que ha conocido la opinión pública, da las razones por las cuales actuó y que brevemente he explicado. Es evidente que en algunos sectores eclesiásticos, sobre todo en las iglesias de Europa, fue mal interpretada, porque se pensó que esto iba a conllevar una especie de claudicación de la doctrina del Concilio Vaticano II. El Papa deja muy claro que el Concilio Vaticano conserva su plena validez y, además, la situación se agravó porque uno de los cuatro obispos excomulgados negó el holocausto judío, colocando en una situación muy delicada la relación entre el judaísmo y el cristianismo, que la Iglesia Católica venía trabajando durante décadas, para llegar a una relación de fraternidad. Fueron, por lo tanto, esas declaraciones de un obispo que recién había recibido el perdón del Papa, que provocaron esta mala interpretación y esta cierta desazón en algunos episcopados del mundo, pero la carta del Papa explica, con una humildad impresionante, lo que aconteció. Todo buen católico tiene que orar por el Papa, porque él es el principio y fundamento de la unidad visible de la Iglesia, con su Señor Jesucristo y, por lo tanto, tenemos que orar más que nunca para que Dios bendiga e ilumine al Santo Padre Benedicto XVI.

FUENTE: Palabras del Pastor -
www.iglesia.cl/rancagua


viernes, 20 de febrero de 2009

BEATO TOMAS REGGIO


Nació en Génova (Italia) el 9 de Enero de 1818 de una familia noble. Aunque se podría prever para él una carrera brillante, a los 20 años decidió ser sacerdote dejando todo atrás.

"Quiero hacerme santo, cueste lo que cueste", dirá Tomás en el momento en que su opción si llegó a ser definitiva.

Recibió la Ordenación Sacerdotal el 18 de Septiembre de 1841 y, con apenas veinticinco años, fue nombrado vice-rector del Seminario de Génova y sucesivamente rector del Seminario de Chiávari. En este servicio se dedicó con valor a la formación de los futuros sacerdotes para que estuviesen dispuestos a comprometer la propia vida, sin recelos, por Dios y por la iglesia.

Precisamente en cuanto dirigía el Seminario, desenvolvió una intensa actividad como jornalista y fue uno de los cofundadores del primer periódico italiano católico, preocupándose en defender la fe y los principios auténticos del cristianismo.

En 1865, durante la campaña electoral, el "Estandarte católico" – así se llamaba el periódico - condujo la lucha para promover listas de candidatos católicos y pensó en crear un partido católico.

La idea era demasiado audaz, y cuando en 1874 el "non expedit" sonaba claramente y los católicos fueron invitados a no votar, el Padre Tomás "intuyó" que su periódico no podría continuar. Acató las órdenes de los superiores y prefirió estar en sintonía con el Papa y la Iglesia; apenas expuso su pensamiento cuando fue consultado por la Santa Sede.

En 1877 fue consagrado Obispo de Ventimiglia, diócesis muy pobre: lo cubrió varias veces, fue pastor clarividente y verdadero guía espiritual de su rebaño, convocó tres sínodos en quince años, creó nuevas parroquias, renovó la liturgia y se esforzó por mantener el patrimonio artístico de las Iglesias.

En 1878 fundo la Congregación de las Religiosas de Santa Marta, que tenían por finalidad “responder a las necesidades de todos los tiempos”. Pidió a las hermanas que acogiesen a los más pobres entre los pobres “como Marta, que tuvo la ventura de servir a Jesús con el humilde trabajo de sus manos”. Estas religiosas aprendieron de ella a adorar en silencio, a alimentarse de la oración, a encontrar de rodillas las razones de una fe, que hay que descubrir a Cristo en los pequeñitos con los cuales él se identificó.

Cuando, en 1887, un terremoto devasto la Región, Beato Reggio, a pesar de su avanzada edad, se presentó inmediatamente junto a los afligidos por la catástrofe llevándoles ayuda, y después convocó a los párrocos pidiéndoles que lo informasen sobre el Estado de sus parroquias, a fin de providenciar las ayudas que recibía de muchas personas, entre las cuales lectores de varios periódicos.

Fue pródigo, reservando para si apenas su batina y su antiguo reloj, testimonio así que se hizo pobre por su gente. Cuido de modo especial de los muchos huérfanos víctimas del terremoto, inicialmente asistió en algunos centros ya existentes en la ciudad que el creó, más tarde, un orfanato en Ventimiglia entregó al cuidado de las Religiosas de Santa Marta.

En 1892 escribió al Papa: "Pido a Su Santidad que me exonere del cargo episcopal, a fin de poder ser un simple sacerdote para que la diócesis no vaya a sufrir a causa de mi edad y se confié a otro una tarea tan pesada".

La respuesta del Santo Padre fue sorprendente: en Mayo de ese mismo año, Beato. Tomás fue nombrado Arzobispo de Génova. A pesar de sus 74 años de edad y de las dificultades, aceptó humildemente el cargo para cumplir la voluntad de Dios.

Cuando en 1900 la Italia católica decidió consagrar a Dios y a la Virgen el nuevo siglo, Beato. Tomás Reggio invitó a todos los Obispos de la Región a una gran peregrinación al Monte Saccarello, donde se colocó la estatua del redentor. También él partió de Génova en un carruaje de tercera clase, con otros sacerdotes y muchos peregrinos, hasta Triora, pequeña localidad a los pies del Monte. El deseo de proseguir a pie el itinerario de la peregrinación era muy fuerte, más no le fue posible hacerlo, pues un malestar se lo impidió. Fue el inicio de la enfermedad que lo llevaría al término de su vida.

Falleció en la tarde del 22 de Noviembre de 1903, respondiendo a aquellos que se preguntaban si desearía alguna cosa: “Dios, Dios, sólo Dios me basta!”. La respuesta fue la expresión de eso que lo movió siempre.






miércoles, 18 de febrero de 2009

LA MISA

Estimados (as):
Escuche lo siguiente : " En la Misa nos hacemos presente en el Calvario "
Que el Señor Jesús nos regale su compañia.

domingo, 15 de febrero de 2009

CRISIS MUNDIAL : MENSAJE DE CELAM

Estimados (as):

Comparto con Uds., mensaje recientemente difundido por el CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM)


“La Presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), reunida en Bogotá los días 5 y 6 de febrero con los Obispos Directivos de los Departamentos y Centros, y en el espíritu de la Misión Continental, manifiesta su preocupación y solidaridad ante la grave crisis actual. Al mismo tiempo, llama la atención sobre la responsabilidad que tenemos todos: gobernantes, políticos, empresarios, obreros, asociaciones civiles y comunidades religiosas de los diversos credos, en promover la humanización de las estructuras políticas, económicas y de desarrollo, para que estén al servicio del bien común, de la prioridad del trabajo sobre el capital y de la producción sobre las finanzas. Queremos recorrer juntos este camino de amenazas y oportunidades, apostando a los valores de la democracia, la participación y el diálogo.

2.- “Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque lo añadido hará encoger el vestido y el daño se hará mayor” (Mt 9, 16), palabras del Evangelio que recordó Benedicto XVI en su bendición de Año Nuevo. La referencia hace clara alusión a las medidas que hay que tomar ante la actual crisis económica global. Para el Pontífice, esta crisis pone a prueba el futuro de la globalización. En realidad, la crisis actual no es el resultado de dificultades financieras inmediatas, sino que es una consecuencia del estado de salud ecológica del planeta y, sobre todo, de la crisis cultural y moral que vivimos, cuyos síntomas son evidentes desde hace tiempo en todo el mundo (cf. Benedicto XVI, Homilía del 1 enero de 2009).


3.- A la luz de la llamada del Papa, esta situación alarmante nos interpela doblemente: de una parte, nos compromete a expresar nuestra solidaridad en acciones y obras concretas, que facilite la búsqueda de soluciones a los problemas del desempleo, el hambre, la migración forzosa, el deterioro de la salud y la pérdida de calidad de vida de los pobres, que como siempre son las víctimas más afectadas de las crisis; por otra parte, nos estimula a empeñar los mejores esfuerzos de las universidades e institutos católicos, y de investigadores y agentes de pastoral social, para contribuir a la formulación de un nuevo modelo de desarrollo para América Latina y El Caribe, y de un sistema económico mundial mejor regulado, que elimine la pobreza y promueva la justicia y la solidaridad en nuestro Continente, tristemente el más inequitativo del planeta.

4.- Los obispos de América Latina y El Caribe, reunidos en Aparecida, advirtieron que la globalización comporta el riesgo del fortalecimiento de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo (cf. Documento de Aparecida, n. 60). De ahí la urgente necesidad de que la globalización deba regirse por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios ( Ibíd .). La actual crisis financiera ha puesto de manifiesto el afán excesivo de lucro por encima de la valoración del trabajo y del empleo, convirtiéndolo en un fin en sí mismo.


5.- Esta inversión de valores pervierte las relaciones humanas sustituyéndolas por las transacciones financieras, que debieran estar al servicio de la producción y de la satisfacción de las necesidades humanas. Se ha hecho evidente que la globalización tal y como está configurada actualmente, no ha sido capaz de interpretar y reaccionar en función de valores objetivos, que se encuentran más allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, el amor, y muy especialmente, la dignidad y los derechos de todos, aún de aquellos que viven al margen del propio mercado (cf. DA , n. 61). La economía internacional ha concentrado el poder y la riqueza en pocas manos, excluyendo a los desfavorecidos e incrementando la desigualdad (cf. DA , n. 62).


6.- Esto lleva a considerar seriamente la necesidad de establecer las bases para un nuevo orden internacional, fundado en nuevas reglas de juego, que también tengan en cuenta los valores del Evangelio y la enseñanza social de la Iglesia, a fin de promover una globalización marcada por la solidaridad y la racionalidad, que haga de este Continente no solo el Continente de la esperanza, sino también del amor (cf. DA, n. 64). Para lograr este propósito, se hace indispensable la presencia y colaboración de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sin discriminación religiosa, cultural, política e ideológica.


7.- Frente al anhelo de construir la paz, una vida más digna y plena para todos y abrir caminos de esperanza a los pobres y excluidos, queremos concluir, haciendo nuestras las preguntas de Benedicto XVI: “¿Cómo no pensar en tantas personas y familias afectadas por las dificultades y las incertidumbres que la actual crisis financiera y económica ha provocado a escala mundial? ¿Cómo no evocar la crisis alimentaria y el calentamiento climático, que dificultan todavía más el acceso a los alimentos y al agua a los habitantes de las regiones más pobres del planeta?” (Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplomático, 8 de enero de 2009). Estos cuestionamientos hacen resonar hoy día con mayor vehemencia la dramática pregunta de Dios a Caín que nos afecta a todos, nos interpela y no nos puede dejar indiferentes: “¿dónde está tu hermano?” (Gen 4, 9).


Bogotá, 7 de febrero de 2009

FUENTE 1 . http://www.iglesia.cl

domingo, 8 de febrero de 2009

DON HELDER CAMARA

Estimados (as ) :

Recordando a Don Helder Camara :

«Si doy comida a un pobre, me llaman santo, pero si pregunto por qué es pobre, me llaman comunista».

“Quiero denunciar una vez más ese orden establecido por un desorden estratificado”... ”Tened el coraje de reexaminar a fondo los conceptos de propiedad”. ”La propiedad no es para nadie un derecho absoluto inalienable. Ayudadme a demostrar que cuando alguien tiene más de lo que necesita para vivir no tiene derecho a guardárselo cuando existen otros que ni siquiera tienen lo necesario”.

“Vamos a comenzar a trabajar, si Dios quiere, para lograr una verdadera presión moral liberadora. No os escandalicéis, llegaremos a una presión moral liberadora; es la única manera de evitar la violencia armada y este estado general de desesperación...No nos interesan las minireformas, no resolveremos nada. Necesitamos un verdadero y profundo cambio de estructuras. Y es cierto que para llegar a ese cambio de las estructuras deberemos comenzar por el cambio de las estructuras mentales. Esta es la conversión que nos habla el evangelio”.
“Sólo hombres de visión planetaria y de corazón universal serán instrumentos útiles para el milagro de ser violentos como los profetas, auténticos como el Cristo, revolucionarios como el evangelio, más sin dañar el amor.” Hombre, hermano mío, ¿qué has hecho? No vuelvas la cabeza. ¿Quién quitará esas estructuras que aplastan a millones de hijos de Dios y que llegan a matar más que las más sangrientas guerras?. Es media noche en el mundo...Más ¿cómo olvidar que tú, el Hijo de Dios, en tu encarnación has querido nacer precisamente a media noche?. ¿Cómo olvidar que tanto más bella es la aurora cuanto la noche es más sombría? ¡Cuando Dios ayuda a los niños, hacen temblar a los gigantes!. Porque el amor es más fuerte que el odio.


Don Helder Camara
Nacido el 7 de febrero de 1909, en Fortaleza, Estado de Ceará (Brasil).
Fallece el 27 de Agosto de 1999, en Recife, en el estado de Pernambuco, al nordeste de Brasil,