sábado, 19 de abril de 2008

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL


LA PERSONA Y SU DIGNIDAD, BASE DE NUESTRA CONVIVENCIA

Mensaje al término de la 95ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile

"El Señor ama la justicia y el derecho; la tierra está llena de su amor”
(Sal 32, 5)

Introducción: animar la esperanza. Ante la realidad social y cultural que vivimos hoy, la mirada de los cristianos es de fe y esperanza. Fuimos creados para compartir la felicidad, el amor, la vida y la paz de Dios. Buscamos estos bienes, y Dios nos guía en este camino. Por eso los buscamos con esperanza, apoyándonos en Jesucristo resucitado, que es nuestra esperanza. Es la esperanza en la vida nueva y plena que Él nos regala, y que la ofrece a todos. El presente se puede vivir de otra manera, de una manera nueva, cuando se tiene esperanza. Somos salvados en la esperanza, nos dice el Papa Benedicto XVI. “Es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo” (cfr. Spe Salvi, 26 y 27).

Desde estas convicciones, la situación política e institucional que vive el país, ha sido objeto también de nuestra oración profunda y de seria reflexión en nuestra Asamblea Plenaria. Anteriormente ya habíamos alertado sobre el progresivo deterioro de nuestra convivencia y los preocupantes signos de violencia en el hogar, los colegios y en la ciudad en general. Esta situación también se extiende peligrosamente a la arena de la discusión pública, en un año de elecciones. Al respecto queremos compartir algunas preocupaciones y desafíos.

1. Respeto por las personas e instituciones. La persona humana es el fundamento y fin de la comunidad política. Esto significa, ante todo, trabajar por el reconocimiento y el respeto de su dignidad, mediante la tutela y la promoción de los derechos fundamentales e inalienables del hombre para construir el bien común. La comunidad política contribuye a este objetivo cuando actúa a favor de la creación de un ambiente en el que se ofrezca a los ciudadanos la posibilidad del ejercicio real de los derechos humanos y del cumplimiento pleno de los respectivos deberes. En síntesis, ella está sólidamente fundada cuando tiende a la promoción integral de la persona y del bien común, en un clima del respeto por las personas y las instituciones (cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 318-391).

A la luz de este principio fundante de toda convivencia social, nos preocupa el clima beligerante y el fuerte tono que se apodera del debate político, que puede afectar seriamente la orientación al bien común de la actividad y los proyectos públicos. Es sano proteger la libertad de pensamiento y de acción, es sano que exista un amplio espacio para el disenso y que ante los asuntos de Estado concurran distintas miradas que contribuyen a mejores proyectos y decisiones. Esto favorece y consolida nuestra institucionalidad. Pero la falta de respeto hacia personas e instituciones instalada como costumbre daña profundamente a una sociedad. El nivel de descalificaciones personales y agresión verbal que hemos oído a algunos actores políticos en las últimas semanas no se corresponde con la responsabilidad que la ciudadanía les ha confiado. Por otra parte, resulta arbitraria la costumbre de diversas autoridades y dirigentes políticos de evaluar positivamente a las instituciones cuando sus decisiones son de su agrado, y de rechazar su legitimidad, amenazar con destituciones y aun convocar a desconocer sus decisiones cuando no lo son.

Para vivir en democracia necesitamos no sólo la existencia de una Contraloría General de la República, que vele por la legitimidad de los actos de gobierno y de la administración pública, y también por su transparencia, sino además que ejercite sus funciones gozando del respeto y el apoyo que se merece en el cumplimiento de su tarea, que puede resultarles ingrata a quienes se vean investigados. En una democracia moderna el Tribunal Constitucional existe para velar por la adecuación de los preceptos y ordenamientos jurídicos a la Constitución. Sus fallos deben ser acatados, como los de cualquier tribunal. Sus miembros fueron nombrados responsablemente por quienes corresponde. Llamar a la desobediencia es un camino peligroso, que conduce al caos institucional. Otra cosa es el análisis de sus deliberaciones o estudiar proyectos para optimizar su institucionalidad.

A quienes se han visto agredidos por expresar sus convicciones, sea por su respeto a la vida o porque su conciencia de creyente les pide respetar la vida y el derecho de los padres a educar a sus hijos, les expresamos nuestra solidaridad y respeto y, al mismo tiempo los animamos en su testimonio. A todos los católicos, especialmente los responsables del bien común, les exhortamos a ser coherentes con sus creencias, particularmente en la defensa de los derechos fundamentales de las personas y la intangibilidad de toda vida humana ya concebida.

2. Respetar y acoger la vida. En medio de la pasión que ha despertado el anuncio del fallo del Tribunal Constitucional sobre la distribución y recomendación en el sistema público de salud de los métodos llamados “de anticoncepción hormonal de emergencia”, también conocidos como “píldora del día después”, creyentes y no creyentes concuerdan en que la vida es un bien que nos ha sido dada y que la debemos cuidar. Lo que la razón humana es capaz de reconocer por sí sola, la fe lo reafirma cuando postula que el ser humano es creación de Dios, por lo tanto una realidad sagrada poseedora de derechos, sobre todo el derecho a que se le respete su vida. Defender este derecho es la base de una sociedad auténticamente democrática y humana.

En efecto, no podemos olvidar la verdad que está en juego, la primera en materia de derechos humanos. Nadie tiene la potestad, en ninguna circunstancia, de dar muerte a una vida humana inocente, incluso pensando que así se están salvaguardando otros bienes. Por eso mismo, hay que proteger la vida que está por nacer, como lo afirma nuestra Constitución Política. Nuestro pasado reciente quedó marcado por el desprecio y por la defensa del derecho a la vida. Y lo que subyace en la discusión es si ese fármaco atenta o no contra una vida humana, la más indefensa de todas. No podemos retroceder en el respeto de este valor fundante de nuestra vida social. Tenemos que compatibilizar todos los demás derechos con este deber irrenunciable de la protección de la vida.

En medio de la discusión pública suscitada en torno al fallo del Tribunal Constitucional, cuya argumentación aún no ha sido dada a conocer, queremos reiterar nuestro compromiso permanente a favor de la vida del que está por nacer. Hay personas que basan sus reflexiones afirmando que no está demostrado que la píldora del día después sea abortiva. Pero, quien quiere proteger absolutamente la vida de todo ser humano exige que se demuestre que no impide su desarrollo. Y en esto, los mismos fabricantes dicen que puede inhibir la anidación.

Nuestro compromiso con la vida humana nos llama a rechazar tanto su distribución en el sistema de salud pública como su comercialización en farmacias. El amor y respeto por la vida nos motiva a pedir a todos los poderes del Estado que promuevan políticas públicas coherentes con el derecho a que se respete la vida, que es sagrada. Con la misma fuerza llamamos a la comunidad católica y a todas las personas y familias del país a promover, posibilitar y apoyar actitudes y conductas que reflejen el amor y respeto por la vida, lo que debe expresarse en las opciones cotidianas de la gente.

Tales opciones requieren de una forma adecuada y de un contexto favorable que debemos construir con generosidad entre todos y que debiera traducirse en que las familias puedan contar con ingresos suficientes, oportunidades de educación y empleo para acoger a los hijos y vivir en condiciones dignas. Si sabemos que la familia, comunidad natural donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad, ¿cómo avanzar hacia una sociedad que respete los derechos de la familia y esté a su servicio? (cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 213, 252 y ss).

3. Campaña electoral que escuche y acoja la participación de la gente. Superar la “crispación” de la política y la violencia verbal, recuperando para la política su finalidad propia que es el bien común, en un clima de amistad cívica, resulta fundamental por el escenario electoral que se avecina. Es de esperar que los candidatos y sus partidos políticos ofrezcan al electorado un debate de altura, poniendo sobre la mesa los temas que afectan y preocupan a los habitantes de las comunas, sin populismo ni demagogia. La confianza de los electores hacia sus autoridades se construye a partir de la coherencia entre lo que se promete y lo que se cumple. Los ciudadanos quisieran ver en los candidatos lo mejor de su vocación de servicio público: que antes de formular sus programas se acerquen a la gente, la escuchen y conozcan sus inquietudes, necesidades y angustias.

También a los votantes nos corresponde una crucial tarea como ciudadanos que asumen su responsabilidad en la construcción del bien común, cual es la de obtener una información adecuada antes de decidir, en conciencia, a qué persona confiaremos nuestra adhesión mediante nuestro voto. Esperamos que este debate, tan necesario a nivel de barrios y municipios, no se contamine con otras polémicas de coyuntura ni con otros procesos electorales de los cuales nos tendremos que ocupar en su debido tiempo. Esperamos que los próximos eventos electorales sean una oportunidad para que se exprese, también de parte de los jóvenes, el compromiso y la participación ciudadana que es “uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 190).

4. Amistad cívica, valoración del diálogo y los acuerdos. Creemos que no se han valorado en su justa medida los esfuerzos por establecer amplias bases de acuerdo sobre temas políticos, económicos y sociales, algunos de los cuales han derivado en mesas de diálogo cuyos frutos significativos celebramos y esperamos se multipliquen.

Abordar la tarea política requiere algo más que apego a los procedimientos formales. La convivencia política “adquiere todo su significado si está basada en la amistad cívica y en la fraternidad. El campo del derecho en efecto, es el de la tutela del interés y el respeto, el de la protección de los bienes materiales y su distribución según reglas establecidas. El campo de la amistad, por el contrario, es el del desinterés, el desapego de los bienes materiales, la disponibilidad interior a las exigencias del otro. La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad que se ha quedado en gran parte sin practicar en las sociedades políticas modernas y contemporáneas” y que es preciso potenciar para la política en Chile, por el bien de su futuro y de su gente (cfr. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 390).

Necesitamos que se dignifique el servicio público. No hay otra misión más noble al servicio de la sociedad civil que favorecer el bien común, y preocuparse de manera preferente por el bien de los marginados y desprotegidos. Agradecemos a los que sin buscar sus propios intereses y con sacrificio se desempeñan en el servicio público, ya sea en el Estado o en otras instituciones que buscan el bien de la sociedad y de los sectores necesitados. Los ciudadanos quieren ver a sus dirigentes, de los diferentes partidos políticos, dialogando para solucionar los grandes problemas, y no en permanente disputa y descalificación. Y cuánto bien harían los medios de comunicación social si difundieran las grandes votaciones, casi de consenso, a las cuales llega ese diálogo a la hora de aprobar la mayoría de las leyes.

5. Probidad y transparencia. Gran parte de los debates más acalorados de la hora reciente se relacionan con denuncias de irregularidades en diversas instituciones, algunas con ribetes de escándalo. Y esto porque, “entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado, influyendo negativamente en la relación entre los gobernantes y los gobernados; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 411).

Sobre todo hoy, cuando el país enfrenta una difícil situación económica y energética, que se traduce en un alza de precios de bienes y servicios que golpea duramente a los sectores más modestos, resulta incomprensible que algunas personas no cumplan de manera responsable sus tareas de servicio público, o peor aún, que abusen de sus cargos públicos o privados para obtener dividendos económicos, escalar en posiciones de privilegio o ejercer influencias ajenas al nivel ético que la sociedad les exige. Cuando se falta a la transparencia y a la probidad se erosiona la confianza pública, esencial para una sana convivencia. Hace algunos años los Obispos dijimos que esta “falta de confianza puede llegar a afectar nuestras legítimas esperanzas y aun la gobernabilidad del país” (Comité Permanente, 21 de marzo de 2003). A todos corresponde desplegar esfuerzos por construir una sociedad honesta y transparente, también a la Iglesia y sus organismos. Esperamos que las leyes de transparencia en la modernización del Estado y las propuestas recientemente hechas sean analizadas y ponderadas seriamente para avanzar en esta ámbito.

6. Soluciones que esperan. Este nuevo clima es del todo necesario para abordar otros campos que esperan pronta solución. Por eso, queremos hacer un llamado a autoridades y dirigentes a realizar todo lo que esté en sus posibilidades por resolver aquellas graves dificultades que enfrentan los sectores más pobres del país, y que continúan sin solución como una lista de asuntos “pendientes”. Apreciamos la buena voluntad del Gobierno, del Parlamento y de sectores privados sensibles para avanzar en cuestiones de fondo, como la reforma previsional ya aprobada, las reformas legislativas acordadas en cuanto a la Educación, el Programa “Chile Crece Contigo” y otras iniciativas particulares, como la “Comunidad de Organizaciones Solidarias”. Asimismo esperamos que los aportes del Consejo Asesor Presidencial de Equidad y Trabajo, que pronto conoceremos, den frutos de justicia social en materia de sueldo mínimo ético, de cancelación de imposiciones impagas, que se traduzcan en mayor bienestar para todas las familias del país. También esperamos creatividad y eficiencia para abordar las causas de los problemas de inseguridad que se viven en nuestras ciudades, y que afectan, a veces de manera dramática, sobre todo en las poblaciones pobres. Sabemos que diversas instituciones están abocadas a ello, y queremos recordar, con el Papa Juan Pablo II, que “los pobres no pueden esperar”.

Sin perjuicio de los esfuerzos que se han hecho, hay algunos obstáculos que requieren una especial atención. Se trata de las problemáticas laborales que surgen desde varios sectores productivos y sociales, y que plantean la necesidad de no recurrir a la violencia, sino a un mayor diálogo y a acuerdos que armonicen el desarrollo, la productividad y la sustentabilidad, por una parte, con la equidad, el bienestar y la paz social, por otra. Las crecientes demandas energéticas exigen con urgencia una política de Estado, con amplia y ponderada investigación, acompañada de la participación ciudadana; de este modo podrán superarse los desafíos éticos y de cuidado de la naturaleza que están implícitos. Además, resulta auspicioso que los temas indígenas comiencen a tratarse con una perspectiva más amplia, reconociendo que para Chile son una riqueza las aportaciones de las culturas de los pueblos originarios, y por tanto merece promoverse cuanto se haga para que tengan pleno acceso a una educación de calidad.

Son grandes los desafíos que el Señor nos ofrece a todas las personas de buena voluntad que tenemos la dicha de vivir en esta tierra. De un modo especial, a quienes compartimos la fe en Cristo nos cabe una crucial responsabilidad, pues de la adhesión a su Evangelio y de la vida nueva que brota del encuentro con el Señor surgirá la fuerza interior que será capaz de renovar las estructuras y transformar nuestra convivencia.

A la Virgen del Carmen, patrona de nuestra patria querida, que nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia, y que siempre vela por los más débiles y afligidos, a ella confiamos nuestros anhelos y nuestras esperanzas.


La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile



Punta de Tralca, 18 de abril de 2008


Fuente : http://www.iglesia.cl

domingo, 30 de marzo de 2008

Estimados (as ) :

En oportunudades anteriores , les he contado que soy integrante de la Pastoral del Trabajadores de la Diócesis de Rancagua.

En esa perspectiva me es grato compartir con Uds., una entrevista realizada por la Revista Observatorio Regional al sacerdote Encargado de dicha Pastoral, nuestro querido y apreciado Padre Eduardo Morin :

LA DIGNIFICACIÓN DE LOS TRABAJADORES TEMPOREROS FRUTÍCOLAS:
EL COMBUSTIBLE DE CHILE COMO POTENCIA ALIMENTARIA

Por Pablo Favio Vásquez
Profesor de Historia y Geografía

Rancagua, seis y media de la tarde del día viernes 22 de Enero de 2008. Mis pasos me llevan desde el bus que me trae desde las afueras de la ciudad hasta las inmediaciones de su corazón neurálgico. Mi sombra atraviesa raudamente la Av. Millán para sumergirme en la embaldosada calle Del Estado.

Allí, portentosa y con las antiguas ganas de lucir mejores galas, la emblemática Iglesia de San Francisco me recibe con una serenidad que tan solo las viejas montañas de la Cordillera de los Andes han de conocer.

Ingreso por la puerta de cristal situada a un costado del frontis. Un fresco aire proveniente desde el interior del edificio me da la bienvenida, apaciguando con ello el intenso calor de las tardes de verano de nuestra región.

Me presento. Un sacerdote me saluda y me conduce hasta el despacho de quien me espera. Un largo corredor me recibe y, en sus orillas seis sillas finamente entalladas en madera son objeto de mi admiración.

He llegado a mi destino: La Pastoral de los Trabajadores de la Diócesis de Rancagua.

Adentro, se oye la voz del Padre Eduardo Morín.

Cualquiera diría que el Padre Morín ha sido minero por los menos unas tres décadas: es de estatura media, robusto y con unos brazos gruesos como ramas de roble.

Su acento y su rápido castellano lo denuncian como extranjero.
Claro que sí, nació hace 68 años en la parte francesa del Canadá: Québec.
Y sí, su fortaleza se la ha ganado a través de sus experiencias en los campos y selvas de Chiapas en México; junto a los mayas y los exiliados en Guatemala y en los campos del Valle de Copiapó de nuestro país, por mencionar solo algunas de sus estancias en el mundo.
Me dice que ha estado buscando nuestra Revista en Internet, lo que me indica que estoy en presencia de un ser inquieto, siempre en busca de más conocimiento.

Sonrío y le explico como había que buscarla.
Pasamos a continuación, a otra oficina, un poco más reducida pero igual de confortable que la anterior, situada en frente de aquella.

¿Señor Morín, cual es a juicio de usted el panorama que se vive actualmente en el mundo laboral de los temporeros?

Actualmente, se está gestando una gran transformación en el mundo rural de Chile. Quizás buena parte de ello sea producto del proceso de globalización en el cual el país se insertó gracias a los amplios tratados comerciales que el Estado ha propiciado. Todo ello, le ha otorgado a Chile el carácter de “potencia alimentaría”.

Las exigencias en los estándares de calidad de los alimentos que los consumidores de Europa, Asia, y América del Norte ha obligado a los productores chilenos a mejorar sustancialmente sus productos, el uso de tecnología de punta y el uso de trabajadores cada vez con más alta especialización y, es en esta última parte donde se está generando lo que podría llamarse una crisis.

Cada temporada, las AGROEXPORTADORAS solicitan mayores exigencias a la hora de contratar trabajadores agrícolas para las labores frutícolas.

Sin embargo, estas exigencias no han estado acordes con los sueldos recibidos por estos mismos trabajadores. En el Valle de Copiapó los trabajadores que llegan hasta allí ganan tres veces más que en la Región de O’HIGGINS. Cada temporada, llegan hasta el Valle de Copiapó entre 20 y 25 mil trabajadores provenientes de todos los rincones de Chile. Son conocidos como “Los Mochileros”. Pasan 10 meses, entre Agosto y Mayo deambulando por los valles agrícolas ubicados entre Copiapó y Coihaique.

¿Cómo podría llegar a producirse una crisis en el sector agrícola chileno si los trabajadores temporeros declararan una huelga o un paro, si la tasa de personas cesantes al menos en la Región de O’HIGGINS es alta? Todos necesitan un trabajo.

Es cierto que todos necesitan un trabajo. Sin embargo, los consumidores que actualmente Chile tiene que satisfacer con sus productos agrícolas son extraordinariamente exigentes. El Mercado japonés, el chino y el británico, por ejemplo, envía a sus propios veedores agrarios para observar la producción de los alimentos que posteriormente se enviarán a sus respectivos países.

Esto ha obligado a los grandes exportadores frutícolas a especializar y capacitar a sus trabajadores. Ya no cualquier persona puede trabajar en los campos o en los packings.

El problema radica en que ésta especialización, si bien es exigida por el empleador, no es considerada por éste al momento de pagar al trabajador sus servicios. Al menos no por todos. La especialización, los años de trabajo en la misma empresa deben pagarse, la profesionalización tiene un precio y tiene un resultado económico: un producto altamente competitivo en los mercados internacionales. Eso debe pagarse.

Además de eso, está el trato que recibe el trabajador durante su permanencia en el trabajo. Muchas veces las condiciones laborales son horrendas. Muchos son tratados como si fueran esclavos.

Don ALEJANDRO GOIC sugirió el concepto del Sueldo Ético. Esto remeció completamente el mundo político y económico del país durante el año 2007.

Monseñor GOIC vio que los trabajadores chilenos estaban abandonados, que nadie los defendía o preocupaba por sus problemas diarios: los trabajadores de las tiendas, los temporeros, los obreros, etc.

El sentir de éstos estaba lleno de preocupaciones: la cesantía, las cuentas que suben y suben, la educación de los hijos, los sueldos que no alcanzan...

Entonces fue cuando Monseñor GOIC impulsó la idea del Sueldo Ético. No es posible que se pague lo mínimo. Lo mínimo no puede ser el sueldo justo.

Es escandaloso ver como los políticos en el Congreso no son capaces de ponerse de acuerdo debido a que no congenian en fijar el Sueldo Mínimo por 1.500 pesos. Eso no puede ser posible.

¿Cuál ha sido la acción de la Iglesia Católica en este aspecto?

En las Orientaciones Pastorales de la Conferencia Episcopal de Chile (Cech), para el periodo 2001-2005, los Obispos señalan que:

“Somos conscientes de las profundas mutaciones operadas en el mundo laboral y de la angustia que produce el desempleo.

Por ello nos proponemos: desarrollar una profunda reflexión teológica y pastoral sobre el sentido del trabajo en la era postindustrial; crear espacios de diálogo en base a la Enseñanza Social de la Iglesia , entre empresarios y trabajadores y, entre sus respectivas organizaciones; apoyar la promoción de leyes laborales más justas y crear conciencia de la necesidad de evitar las excesivas horas de trabajo que muchas veces sacrifican el descanso, sobretodo el descanso dominical, y con él a personas y familias en todos los sectores de la sociedad, incluyendo el de los dirigentes políticos y sociales.

Quisiéramos seguir promoviendo, con más ahínco, la pastoral de los trabajadores y la pastoral del empresariado, entregándoles los elementos pertinentes de la Doctrina Social de la Iglesia para que asuman, desde la fe, la vocación que el Señor les ha dado y puedan promover un entendimiento más justo con los diversos agentes del desarrollo”[1]

A partir de lo anterior, la Pastoral de los Trabajadores se ha abocado a los siguientes objetivos:

1. Promover la evangelización del mundo de los trabajadores, con todos los actores que en él intervienen, y sus organizaciones.

2. Contribuir al desarrollo del movimiento de los trabajadores y al establecimiento de instancias de diálogo entre trabajadores, empresarios y autoridades.

3. Promover y desarrollar los espacios de intercambio, de experiencias de formación integral y de experiencias de espiritualidad de los agentes comprometidos con la pastoral de los trabajadores y de los trabajadores en general.

4. Promover y apoyar el desarrollo de comunidades cristianas, movimientos apostólicos y otras expresiones comunitarias de los trabajadores.

Cada uno de éstos objetivos tiene varias líneas de acción.

¿La situación de los temporeros es igual en todo el país?

No. En el Norte, al menos en el Valle de Copiapó, las condiciones de trabajo son mucho mejores que las presentes en la Región de O’HIGGINS. Allí hace falta mucha mano de obra en las labores agrícolas, así que por lo general los sueldos son más elevados que en la zona central del país. Ello quizás se deba a que las primeras exportaciones de frutas que envía Chile al extranjero cada año, provengan de allí. Dichos envíos se realizan en noviembre, justo cuando el Hemisferio Norte está entrando en el invierno. A los norteamericanos y británicos les gusta comer uvas para Navidad y, están dispuestos a pagar muy bien por ello. La caja de uva de mesa llega a alcanzar los 30 dólares en Filadelfia por esos días. Es el Oro Verde.

A diferencia de ello, cuando la fruta de la zona central de Chile está lista para enviarse, esto solo se produce en los meses de Febrero-Marzo, es decir, tres meses después que se efectúan los primeros envíos desde el Valle de Copiapó. Para ese entonces, los precios de la fruta ha bajado considerablemente.

Junto a lo anterior, los recursos humanos que trabajan en las labores agrícolas en la zona norte, provienen en su mayoría de la zona centro-sur del país, ya que en el Norte, la idiosincrasia local mira a este tipo de trabajo como una actividad económica indigna. Es decir, para ellos, un verdadero trabajador –un hombre- es aquel que se gana la vida partiendo rocas con su punzón y su martillo en las minas. Eso para ello es trabajo. El trabajo en los campos es impropio de hombres.

Por ello, la gran mayoría de los trabajadores frutícolas proviene del centro y del sur del país. Se puede encontrar a muchos mapuches trabajando en el Valle de Copiapó. Incluso personas de Coyhaique.

Con respecto a la zona Central, el caso de los trabajadores temporeros es bien diferente. Ellos están siempre cerca de sus hogares, es decir, se trasladan a sus puestos de trabajo de igual manera que lo hace un funcionario de alguna oficina. Y, al terminar el turno, volverán a sus casas junto a sus familias. La única diferencia es que su año laboral es más corto. Ahora, por desgracia para ellos, los productos frutícolas que manipulan llegan a los mercados demasiado tarde como para ganar los sueldos que tienen su misma labor en el Norte del país.

Bueno y, además de eso, hay que destacar que existe mucho miedo entre los trabajadores de la zona a perder sus puestos de trabajo.

¿Cambiaría la situación si la Región contara con más diversidad industrial?

Claro que sí. Habría menos mano de obra disponible y mayor especialización aún.

¿Cuál ha sido la labor de la Iglesia entre los años 2005 y 2007?

Escuchar y compartir las experiencias de los trabajadores. Ellos también son hijos de Dios. Hemos realizado reuniones periódicas con muchos de ellos. La Iglesia Católica quiere saber que es lo que está pasando con las personas. Quiere saber sus penas, sus preocupaciones.

En síntesis, conocer sus vidas. Y en eso estamos todos nosotros trabajando. De hecho, el día 19 de Abril se realizará en Las Cabras, el lanzamiento de la Pastoral Católica al Mundo Rural.

Pero, por otro lado, también estamos realizando gestiones con las autoridades y los empresarios a través de la Mesa de Diálogo Laboral y Social.

¿La Mesa de Diálogo Laboral y Social?

Sí. Se creó en los primeros días de enero y fue impulsada por los diferentes actores que participan en las actividades hortofrutícolas. Entre ellos se destaca la Asociación de Exportadores de Chile (Asoex), la Federación de Productores de Fruta de Chile (Fedefruta), la Pastoral de Temporeros Frutícolas, la Federación de Sindicatos Agrícolas, por nombrar solo algunas de las organizaciones firmantes.

La Mesa consideró la creación de un documento de protocolo en el que se estipula la intención de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, tales como la participación de la mujer, las remuneraciones, la salud y las pensiones de jubilación, entre otras muchas preocupaciones de los trabajadores.

Los sueldos de los temporeros son muy malos, no alcanzan para cubrir todas las necesidades de sus familias.

En Diciembre del año pasado, ocurrieron fuertes protestas en Copiapó en apoyo del Sueldo Ético propuesto por Monseñor Goic. Después, en Enero de éste año, se produjo otro movimiento de apoyo al Sueldo Ético y de la mejora de las condiciones laborales en Ovalle.

¿Cuál es el panorama de los temporeros en la Región de O’higgins?

Es un poco difícil de precisar con exactitud. Pero, primero se tiene que considera que hay aproximadamente 700 predios agrícolas de gran envergadura en la Región. Junto a ello, se tiene que destacar que la superficie frutal cultivada alcanza las 60 mil hectáreas y que, hay 120 mil trabajadores temporeros frutícolas, por lo que éstos constituyen la mayor fuerza laboral de toda la región.

Ahora bien, las condiciones de trabajo de éstos 120 mil trabajadores es muy difícil de graficar y analizar a fondo. Esta región es inmensa, muy grande. Imagina que solo existen 5 fiscalizadores de la Inspección del Trabajo para toda la región. Obviamente no son capaces de acudir a todos los llamados –si es que los abusos son denunciados.

Hay muchos problemas y ello, debido a que se ha seguido considerando a los temporeros como trabajadores de poca importancia. Como un trabajo de mala calidad. Sin embargo, eso no es cierto, ellos son el principal motor económico y laboral de la región (estos cien mil trabajadores generan los ingresos necesarios para mantener a más de medio millón de habitantes, es decir, casi toda la población de nuestra región).

El concepto y la imagen del trabajador temporero frutícola se está transformando y continuará cambiando, siempre y cuando tome conciencia de su valor económico y social.

En ello también ayudan las exigencias de los mercados extranjeros. Los empresarios chilenos deben aprender que toda sus empresas agrícolas descansan en los hombros y en la calidad del trabajo de estos trabajadores. El empresario agrícola chileno debe aprender a mantener contento a sus trabajadores, a pagarles lo que realmente se merecen. Ellos manipulan alimentos, productos de alto valor económico en los mercados asiáticos y europeos. Cualquier error podría significar la pérdida de millones de dólares e, incluso el cierre de cualquiera de estos mercados.

Por eso, la importancia de un trabajo como éste tiene que tener su correspondiente retribución, lo que debe reflejarse en la calidad del trabajo ejecutado por el trabajador durante largas horas al sol o parado durante horas en los packings embalando frutas con sumo cuidado y siguiendo especificaciones técnicas provenientes de estándares internacionales.
Los temporeros son trabajadores profesionales y deben ser reconocidos como tales, tanto social como económicamente.

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[1] Morín, Eduardo. Pastoral de los Trabajadores. Fundamentos. Diócesis de la Santa Cruz de Rancagua. Pág. N° 1.

domingo, 23 de marzo de 2008

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA FE

El Señor Jesús venció la muerte.. El Señor Jesús ha resucitado...

Hoy, el Señor nos regalo a mí y a mi hijo Christian , la oportunidad de asistir a Misa, en la Capilla de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento (Lídice 450, Fono (72) 221072 - Rancagua ). La Misa fue celebrada por nuestro Obispo Diocesano Don Alejandro Goic Karmelic.

En un ambiente de recogimiento, Don Alejandro nos explico el sentido de la lecturas y nos encaminó a reflexionar sobre el fundamento de nuestra Fe : La Resurrección.


Frente a la Reurrección ¿ Qué puedo decir ? ... reflexionar y por ahora repetir las palabras pronunciadas por Benedicto XVI a mediodía de este Domingo de Resurrección desde la plaza de San Pedro del Vaticano:

Resurrexi, et adhuc tecum sum. Alleluia! He resucitado, estoy siempre contigo. ¡Aleluya! Queridos hermanos y hermanas, Jesús, crucificado y resucitado, nos repite hoy este anuncio gozoso: es el anuncio pascual. Acojámoslo con íntimo asombro y gratitud.


"Resurrexi et adhuc tecum sum". "He resucitado y aún y siempre estoy contigo". Estas palabras, entresacadas de una antigua versión del Salmo 138 (v.18b), resuenan al comienzo de la Santa Misa de hoy. En ellas, al surgir el sol de la Pascua, la Iglesia reconoce la voz misma de Jesús que, resucitando de la muerte, colmado de felicidad y amor, se dirige al Padre y exclama: Padre mío, ¡heme aquí! He resucitado, todavía estoy contigo y lo estaré siempre; tu Espíritu no me ha abandonado nunca. Así también podemos comprender de modo nuevo otras expresiones del Salmo: "Si escalo al cielo, allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro... Porque ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día; para ti las tinieblas son como luz" (Sal 138, 8.12). Es verdad: en la solemne vigilia de Pascua las tinieblas se convierten en luz, la noche cede el paso al día que no conoce ocaso. La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida del hombre.


"He resucitado y estoy aún y siempre contigo". Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar en nuestro corazón su voz. Con su sacrificio redentor Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos introducirnos también nosotros en el diálogo misterioso entre Él y el Padre. Viene a la mente lo que un día dijo a sus oyentes: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11,27). En esta perspectiva, advertimos que la afirmación dirigida hoy por Jesús resucitado al Padre, - "Estoy aún y siempre contigo" - nos concierne también a nosotros, que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria (cf. Rm 8,17). Gracias a la muerte y resurrección de Cristo, también nosotros resucitamos hoy a la vida nueva, y uniendo nuestra voz a la suya proclamamos nuestro deseo de permanecer para siempre con Dios, nuestro Padre infinitamente bueno y misericordioso.


Entramos así en la profundidad del misterio pascual. El acontecimiento sorprendente de la resurrección de Jesús es esencialmente un acontecimiento de amor: amor del Padre que entrega al Hijo para la salvación del mundo; amor del Hijo que se abandona en la voluntad del Padre por todos nosotros; amor del Espíritu que resucita a Jesús de entre los muertos con su cuerpo transfigurado. Y todavía nás: amor del Padre que "vuelve a abrazar" al Hijo envolviéndolo en su gloria; amor del Hijo que con la fuerza del Espíritu vuelve al Padre revestido de nuestra humanidad transfigurada. Esta solemnidad, que nos hace revivir la experiencia absoluta y única de la resurrección de Jesús, es un llamamiento a convertirnos al Amor; una invitación a vivir rechazando el odio y el egoísmo y a seguir dócilmente las huellas del Cordero inmolado por nuestra salvación, a imitar al Redentor "manso y humilde de corazón", que es descanso para nuestras almas (cf. Mt 11,29).


Hermanas y hermanos cristianos de todos los rincones del mundo, hombres y mujeres de espíritu sinceramente abierto a la verdad: que nadie cierre el corazón a la omnipotencia de este amor redentor. Jesucristo ha muerto y resucitado por todos: ¡Él es nuestra esperanza! Esperanza verdadera para cada ser humano. Hoy, como hizo en Galilea con sus discípulos antes de volver al Padre, Jesús resucitado nos envía también a todas partes como testigos de su esperanza y nos garantiza: Yo estoy siempre con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (cf. Mt 28,20). Fijando la mirada del alma en las llagas gloriosas de su cuerpo transfigurado, podemos entender el sentido y el valor del sufrimiento, podemos aliviar las múltiples heridas que siguen ensangrentando a la humanidad, también en nuestros días. En sus llagas gloriosas reconocemos los signos indelebles de la misericordia infinita del Dios del que habla al profeta: Él es quien cura las heridas de los corazones desgarrados, quien defiende a los débiles y proclama la libertad a los esclavos, quien consuela a todos los afligidos y ofrece su aceite de alegría en lugar del vestido de luto, un canto de alabanza en lugar de un corazón triste (cf. Is 61,1.2.3). Si nos acercamos a Él con humilde confianza, encontraremos en su mirada la respuesta al anhelo más profundo de nuestro corazón: conocer a Dios y entablar con Él una relación vital en una auténtica comunión de amor, que colme de su mismo amor nuestra existencia y nuestras relaciones interpersonales y sociales. Para esto la humanidad necesita a Cristo: en Él, nuestra esperanza, "fuimos salvados" (cf. Rm 8,24)


Cuántas veces las relaciones entre personas, grupos y pueblos, están marcadas por el egoísmo, la injusticia, el odio, la violencia, en vez de estarlo por el amor. Son las llagas de la humanidad, abiertas y dolientes en todos los rincones del planeta, aunque a veces ignoradas e intencionadamente escondidas; llagas que desgarran el alma y el cuerpo de innumerables hermanos y hermanas nuestros. Éstas esperan obtener alivio y ser curadas por las llagas gloriosas del Señor resucitado (cf. 1 P 2, 24-25) y por la solidaridad de cuantos, siguiendo sus huellas y en su nombre, realizan gestos de amor, se comprometen activamente en favor de la justicia y difunden en su alrededor signos luminosos de esperanza en los lugares ensangrentados por los conflictos y dondequiera que la dignidad de la persona humana continúe siendo denigrada y vulnerada. El anhelo es que precisamente allí se multipliquen los testimonios de benignidad y de perdón.


Queridos hermanos y hermanas, dejémonos iluminar por la luz deslumbrante de este Día solemne; abrámonos con sincera confianza a Cristo resucitado, para que la fuerza renovadora del Misterio pascual se manifieste en cada uno de nosotros, en nuestras familias y nuestros Países. Se manifieste en todas las partes del mundo. No podemos dejar de pensar en este momento, de modo particular, en algunas regiones africanas, como Dafur y Somalia, en el martirizado Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, en Irak, en Líbano y, finalmente, en Tibet, regiones para las cuales aliento la búsqueda de soluciones que salvaguarden el bien y la paz. Invoquemos la plenitud de los dones pascuales por intercesión de María que, tras haber compartido los sufrimientos de la Pasión y crucifixión de su Hijo inocente, ha experimentado también la alegría inefable de su resurrección. Que, al estar asociada a la gloria de Cristo, sea Ella quien nos proteja y nos guíe por el camino de la solidaridad fraterna y de la paz. Éstos son mis anhelos pascuales, que transmito a los que estáis aquí presentes y a los hombres y mujeres de cada nación y continente unidos con nosotros a través de la radio y de la televisión. ¡Feliz Pascua!


Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede

FUENTE : Agencia Noticiosa Católica ZENIT


viernes, 21 de marzo de 2008

LA REFLEXION DE UN LAICO

Estimados (as) :

Quien escribe en este Blog, es un laico sin formación formal en teología. Sumo a lo anterior el hecho de ser una persona común y corriente, convertida al cristianismo – católico por la gracia del Señor. Ciertamente no soy la persona apropiada para escribir en un Blog que lleva por nombre: MIRADA CATÓLICA ¿Porque lo hago? No tengo respuesta.

No obstante, dada la responsabilidad que demanda abrir al mundo una ventana como MIRADA CATOLICA y en atención que, me mueve el firme propósito de no apartarme de la sana doctrina, es que someto mis reflexiones y transcripciones al juicio de la autoridad eclesiástica correspondiente, con el objeto de corregir la más mínima desviación.

Avanzado este Viernes Santo, solo en un living que llama a la meditación, quisiera compartir con Uds., algunas reflexiones que nacieron, en los jardines del Santuario Schoenstatt, motivadas por un retiro predicado, en la mañana de hoy, por el Padre Jorge Zeger (Iglesia del Buen Pastor – Rancagua)

· La muerte y la resurrección del Señor Jesús, constituye el centro de la historia de nuestra Humanidad.

· El Padre Celestial nos mira a través de la muerte y resurrección del Señor Jesús.

· Toda filosofía es opacada por la redención.

· La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “ hasta el extremo” , “ hasta el total cumplimiento” *1

· 1 SPE SALVI. Carta Encíclica sobre la Esperanza Cristiana.

martes, 18 de marzo de 2008

SEMANA SANTA




Estimados :

Jesús ofreció libremente su vida en sacrificio, es decir ha reparado nuestras culpas con la plena obediencia de su amor hasta la muerte. Este amor hasta el extremo del Hijo de Dios, reconcilia a la humanidad entera con el Padre. El sacrificio pascual de Cristo rescata , por tanto, a los hombres de modo único, perfecto y definitivo, y le abre la comunión con Dios. *1

Jesús ofreció su vida, por las faltas que he cometido y que cometó en mi condición de hijo, padre, esposo, vecino, trabajador, ciudadano, cristiano...

Nuestro Señor y Salvador me invita a trabajar por la Civilización del Amor :

" La finalidad inmediata de la doctrina social es la de proponer los principios y valores que pueden afianzar una sociedad digna del hombr. Entre estos principios, el de la solidaridad en cierta medida comprende todos los demás : éste constituye " uno de los principios básicos de la concepción cristiana de la organización social y política " *2


Este principio está iluminado por el primado de la caridad " que es signo distintivo de los discípulos de Cristo. Jesús " nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana,y, por tanto, de la transformación del mundo, es el mandamiento nuevo del amor "*3


Con la gracia y ayuda del Señor Jesús, me preocuparé en Semana Santa por meditar sobre mi realidad .. y la forma de contribuir en forma efectiva con la construcción de la Civilización del Amor ...


*1 Compendio Catecismo de la Iglesia Católica.


*2 Juan Pablo II Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 47:AAS 80 (1988) 580


*3 Concilio Vaticano II, Const.past. Gaudium et spes, 38: AAS 58 ( 1966 )


*2 y *3 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.



sábado, 15 de marzo de 2008

PADRE JOSE KENTENICH



Nació el 18 de Noviembre de 1885 en Gymnich, cerca de Colonia (Alemania), y fue ordenado sacerdote el 8 de Julio de 1910. En los primeros años de su labor pastoral fue Director Espiritual del seminario menor de los Pallottinos en Schoenstatt (Vallendar junto al Rhin), y en esa época puso los fundamentos de su Obra: la Familia de Schoenstatt. En los años que siguieron formó las comunidades sacerdotales y laicales que la componen, y a partir de 1926 fundó los diferentes Institutos Seculares de Schoenstatt. Detenido por la Gestapo en Septiembre de 1941, fue enviado al campo de concentración de Dachau, donde permaneció hasta Abril de 1945. Allí consolidó su Obra y le dio alcances internacionales. A partir de 1949 la Iglesia sometió a prueba a la Obra de Schoenstatt, y la mayor parte de esos años los pasó el Fundador en Milwaukee (EE.UU.).


En Navidad de 1965 regresó a Schoenstatt, y sin atender a su avanzada edad, se dedicó con todas sus energías a la dirección de su Obra, extendida por todo el mundo. Inesperadamente, en plena labor sacerdotal, lo llamó Dios a la Patria Eterna el 15 de Septiembre de 1968, luego de celebrar la Santa Misa.


Lo más característico de su personalidad son los rasgos de una paternidad singular y sobrenatural, que Dios le regaló en forma especial. Lo capacitó con extraordinarias dotes naturales y abundantes dones sobrenaturales para realizar su misión específica para la Iglesia actual y del futuro. Todos los éxitos los atribuyó al poder de la Madre, Reina y Victoriosa Tres Veces Admirable de Schoenstatt, su gran anhelo era anunciar la grandeza de la Santísima Virgen y formar nuevos hombres y comunidades, en los que resplandeciera la presencia y la imagen de María. Empleó toda la fuerza y la atracción de su personalidad, en conducir a las personas que se le confiaron, hacia la cercanía de Dios, hacia el abandono total a la Santísima Trinidad. Totalmente arraigado en el Más Allá, y siempre atento a lo presente, interpretaba proféticamente los signos de Dios en la Iglesia y en el mundo. Las palabras “Dilexit Ecclesiam” (Amó a la Iglesia) que eligió como epitafio, son las que mejor resumen el sentir más profundo de quien fue Padre y Fundador de la Familia de Schoenstatt.

El Padre José nos dice :

El amor para el cual tu amor nos creó esté presente ante nuestros ojos y plasme íntegra nuestra vida.

Lleve Ud., su cruz tranquilo, humilde,valiente.Así ayuda a salvar al mundo.

El que quiere ganar los corazones, tiene que poner como prenda su propio corazón

Nada pasa por casualidad! todo viene de la bondad de Dios.


Santa Madre, haz que las llagas que tu Hijo ha sufrido por mí, se graben profundamente en mi alma.


Que mi vida sea un gran Magnificat.


Solamente la fe viva vence al mundo,

Todo por amor, con alegría.

Fuente 1 : http://www.schoenstatt.cl

Fuente2: Sitios de internet - Padre José Kentenick